Los niños actúan de diversas maneras cuando pierden el control. Desde berrinches hasta golpes y comentarios embarazosos. A menudo, tales arrebatos pueden parecer aspectos inevitables de la infancia. No es algo que debamos dar por perdido, ni mucho menos. Algunos estudios llegan a conclusiones tales como que “el autocontrol infantil es dos veces más importante que la inteligencia para predecir los logros académicos”. La pregunta ya nos ronda por la cabeza: ¿Cómo ayudar a nuestros hijos a manejar su impulsividad?

Aunque los niños conozcan todas las normas a la perfección, muchas veces no son capaces de seguirlas al pie de la letra. Esto puede ser debido a que todavía se encuentren desarrollando esta capacidad de autocontrol en su lóbulo frontal del cerebro. Esta capacidad se desarrolla de los 2 a los 5 años.

El ejercicio y el movimiento dispara el nivel de dopamina y serotonina en el cerebro. Estas sustancias son hormonas, que pueden ayudar a incrementar la concentración y la atención, además, disminuyen la hiperactividad e impulsividad. Existen habilidades esenciales para aprender autocontrol, hacer posible la espera cuando algo está a punto de empezar, o la acción inhibidora. El ejercitar la Funciones Ejecutivas también nos ayudará a controlar los impulsos ya que trabajando las mismas se activa nuestra área frontal y ayudamos a su desarrollo.

Está claro entonces que la mejor forma para trabajar el autocontrol infantil será a través del juego, el ejercicio, y el movimiento, ya que estas son varias de las ocupaciones más significativas de su periodo vital.

A continuación, os proponemos 5  juegos prácticos con los que entrenar esta faceta tan importante en la infancia:

Los juegos como “el pollito inglés”, “la luz roja, luz verde” o “Simon dice” lo animan a escuchar con atención, seguir instrucciones y controlar su cuerpo, deteniendo sus movimientos en un momento dado. Otro juego que practica estas habilidades es un juego de “danza congelada”: puedes reproducir música y pedirle que baile por la habitación, pero tan pronto como la música se detenga, tiene que congelarse (quedarse quieto).

Al trabajar la memoria desarrollamos y entrenamos el área frontal por lo que juegos como el “Memory” o, “Continúa la historia añadiendo una frase” también nos ayudarán a regular y madurar esa impulsividad.

Ester TudelaTerapeuta Ocupacional, especialista en Integración Sensorial y fisioterapeuta en Red Cenit Valencia

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