¿Alguna vez has tenido un amigo imaginario con el que jugabas cuando eras pequeño? ¿Por qué aparecen los compañeros imaginarios en los niños pequeños? Desde Red Cenit os contamos algunos de los beneficios de tener amigos ficticios en la infancia

 

Es  bastante común en los niños de entre los 2 y los 7 años la aparición de amigos imaginarios. Son amigos que realmente no existen, pero que el sujeto vivencia como si fueran reales, y hablan y juegan con él. En ocasiones, puede ser un objeto no ficticio, como un peluche o una muñeca, pero por lo general, los amigos imaginarios no forman parte de la realidad. Pueden aparecer incluso varios de ellos en diferentes etapas. Una vez puede ser un perro y otras veces un superhéroe de TV, o incluso, un niño de su propia edad. Pero “tal como vienen se van”.  

No existe un perfil característico de niño con estos pequeños compañeros de juego, sin embargo, sí parece influir de forma directa la creatividad del niño, siendo, por tanto, el factor clave. Así pues, a mayor creatividad y fantasía del niño, mayor probabilidad de que aparezca o tenga un amigo imaginario. Por lo general, este amigo imaginario desaparece alrededor de los siete años cuando el pensamiento del niño es más lógico y racional.  

¿Es beneficiosa la aparición de los amigos imaginarios?  

Normalmente los amigos imaginarios surgen para satisfacer algunas necesidades de los niños ayudándoles a desarrollar sus emociones y creatividad, así como también el desarrollo social. A través del amigo imaginario los niños

  • Liberan sus sentimientos positivos y negativos
  • Proyectan sus conflictos, miedos y fobias ante nuevas situaciones, como la de tener que abandonar el pañal, ir a la guardería o al parvulario; al cambiarse de casa; o al tener que enfrentarse a algún reto o realidad diferente.
  • Adquieren más confianza en sí mismos. En su “lógica”, si su amigo imaginario consigue vencer al mal, él también será capaz de hacerlo.
  • Se sentirán más fuertes, y capaces. Y eso favorecerá a su autoestima
  • Controlarán mejor sus emociones.
  • Entienden de mejor manera el punto de vista de la otra persona, en este caso, lo de su amigo imaginario.
  • Desarrollan habilidades sociales.

Como padres, hay que respetar el amigo imaginario del niño sin llegar a participar, ni estimular, ni tampoco reprimir a los niños para que sigan jugando y conversando con su amigo.
Es importante que el niño también tenga tiempo para interactuar 
con otros niños y con sus padres.

Por lo general, la existencia de su amigo imaginario solo debe preocuparnos si el niño lo sigue manteniendo más allá de los 8 o 9 años, o si observamos que la “amistad” se ha vuelto tan intensa que está aislado y no desarrolla otras relaciones.
En este caso hay que intentar buscar actividades para que aprenda a divertirse con amigos reales: llevarle al parque, participar en sus juegos, invitar a otros niños a casa, etc.

María Vicente, psicóloga y terapeuta en Red Cenit