En muchas ocasiones escuchamos comentarios como “cuando hablo con mi hijo, parece que no me entienda; no me hace caso; se enfada”; o en el caso contrario “no me estás escuchando mamá; no me entiendes,…”. El arte de comunicar, al igual que el arte de escuchar, es una habilidad que vamos aprendiendo a lo largo de nuestra vida y depende de muchos factores. A menudo, se traspasa de generación en generación y debemos de tener en cuenta el contexto y que todo evoluciona y  va cambiando en milésimas de segundo por lo que no podemos comunicarnos y escuchar a un hijo o a una madre de la misma forma que hace 50 años. Os ofrecemos algunas claves para una buena comunicación con nuestros hijos.

Un factor imprescindible a tener en cuenta  es el vínculo emocional existente entre la persona con la que nos comunicamos, ya que si es nuestro hijo o hija, podrán aprender de una forma determinada nuestra manera de dirigirnos a ellos y formará parte de la configuración de su personalidad y constituirá parte de ellos en relaciones futuras.

Entonces, es importante pararnos a pensar en “los sentimientos de los niños y niñas”. Debemos saber que hay una relación directa entre los que sienten los niños y la forma en que se comportan. Así, los niños se comportan bien  si se sienten bien y la mejor forma de ayudarlos a sentirse bien es aceptando sus sentimientos.

Los niños necesitan que sus sentimientos sean aceptados y respetados. A continuación, desde Red Cenit expondremos algunas claves para una buena comunicación con nuestros hijos ya que, la mayoría,  necesitan que se les ayude a enfrentarse a sus sentimientos. Debemos comprometernos a:

  • Escucharles en silencio y con atención.

No sirve de nada que nuestros hijos se acerquen a nosotros a contarnos alguna experiencia del colegio o con algún compañero y que sigamos tecleando el móvil o viendo la televisión sin prestar nada de atención. Resulta mucho más fácil contarle sus problemas a un padre que en realidad esté escuchando. Ni si quiera tiene que decir nada; todo lo que el niño necesita es un silencio pleno de comprensión.

  • Aceptar sus sentimientos con una palabra.

Cuando tu hijo te comenta una experiencia, puede ser de gran ayuda que uséis expresiones como: “te entiendo“,  “ya veo”, “oh” “ummmm”, que unidas a una actitud de escucha, son invitaciones para que nuestros hijos exploren sus propios sentimientos y posiblemente puedan encontrar sus propias soluciones.

  • Dar un nombre al sentimiento en vez de negarlo.

Cuando le comentamos a nuestro hijo que lo que siente no tiene importancia con expresiones como: “no pasa nada” o “ ya está”, estamos dejando de lado sus sentimientos negativos. Por muy bien que pensemos que le estamos haciendo, el niño cada vez puede alterarse más. Pero, por otro lado, si le damos un nombre al sentimiento y dejamos que lo viva y se enfrente a ello con nuestro apoyo, ocurre lo contrario. El  niño que escucha las palabras que describen lo que está experimentando se siente profundamente consolado. Aquí hemos llegado a reconocer nuestra experiencia interna.

  • Conceder al niño sus deseos en la imaginación.

Existen infinidad de situaciones a diario en la que los niños piden cosas, algunas alcanzables y otras no, pero que no se corresponden con ese momento o que su forma de pedirlas no es la adecuada. Por ejemplo, si tu hijo dice: “quiero ir al parque”, podemos responderle de esta forma y hacerles ver que comprendemos lo mucho que desean algo; “yo quiero volar para llevarte conmigo y sobrevolar todos los parques del mundo y sentir las nubes como un tobogán de algodón dulce”. De esta forma, damos respuesta a su imposición con imaginación y hacemos que la realidad sea más fácil de soportar.

Para concluir, decir que el día a día puede resultar caótico, pero debemos tener claro que la comunicación con nuestros hijos ha de estar impregnada de sentimientos de empatía e intentar hablarle directamente al corazón.

Por ello, un punto importante a tener en cuenta es el enseñar a nuestros hijos un vocabulario ajustado para su realidad interior, para comunicar de forma emocional. Una vez que conozcan las palabras para poner nombre a lo que están experimentando, podrán empezar a ayudarse a sí mismos, que es al fin y al cabo lo que más les hace crecer como seres humanos porque si pueden ayudarse a sí mismos pueden ayudar a los demás: la clave de la humanidad.

 

“El gran problema con la comunicación, es que no escuchamos para comprender, escuchamos para responder”

Vanessa Civera, pedagoga y terapeuta en RED CENIT

 

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