Este mes, aprovechando que se acerca el Día Internacional del Síndrome de Asperger (18 de febrero), me gustaría hacer referencia a este Síndrome, que sigue siendo el gran desconocido.  Como prueba tenemos que la edad media del diagnóstico no descienda de los 7 años de edad mucho tiempo después de que fuera descrito por Hans Asperger en 1944. Sabemos que es una trastorno permanente del desarrollo que se manifiesta en los tres primeros años de vida y deriva de un trastorno neurológico que afecta al funcionamiento del cerebro y que se caracteriza por deficiencias en la interacción social, problemas en la comunicación verbal y no verbal y patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos y repetitivos. Al contrario que las personas con autismo, las que tiene Síndrome de Asperger (SA) tienen menos problemas con el desarrollo del lenguaje y son menos propensas a tener dificultades adicionales de aprendizaje.

La mayoría de autores que han estudiado el Síndrome de Asperger coinciden en que no hay alteraciones en cuanto al nivel formal de su lenguaje. Pero a pesar de esto, hay un porcentaje considerable de niños/as diagnosticados cuyo primer motivo de preocupación fue el desarrollo del lenguaje.

Ahora nos preguntamos ¿cómo es el lenguaje en el Síndrome de Asperger?

  • Nos encontramos con niños/as donde los aspectos semánticos y sintácticos del lenguaje están preservados, pero por otro lado tienden a utilizar vocabulario avanzado para su edad
  • Les resulta más difícil de comprender los conceptos abstractos
  • Se encuentran dificultades en los conceptos relacionados con el tiempo

Pero realmente ¿qué pasa con el aspecto pragmático del lenguaje en el Síndrome de Asperger?

Aquí nos encontramos con el “quid” de la cuestión. Cuando hablamos de pragmático nos referimos a cómo se usa el lenguaje teniendo en cuenta las circunstancias. La forma de expresarse de estos niños/as está caracterizada por lo que se conoce como Trastorno Semántico Pragmático de la comunicación, siendo estas algunas de sus características más frecuentes:

  • El pequeño sabio o profesor, en algunos casos suena como si fueran un sabelotodo o un pedante, es por su rico vocabulario y su peculiar prosodia.
  • Vocabulario muy extenso y preciso, a veces incluso rebuscado y rimbombante, que utiliza por igual en todos los contextos sociales familiares e informales. Su forma de hablar resulta ser muy formal, más de lo normal para su edad y en ocasiones prefieren hablar con adultos que con sus iguales.
  • Discurso monótono, sin el aspecto emocional que usamos para enfatizar nuestras ideas, o incluso con una inflexión que parece a veces un poco artificial.
  • Dificultades en respetar los turnos de palabra y a la hora de seguir la conversación. Aquí influyen aspectos tan importantes como el lenguaje corporal, ya que les resulta complicado interpretar estas señales, resultándoles complicado descodificar las expresiones faciales. A veces tienden más al monólogo que al diálogo, sobre todo cuando la conversación gira sobre algunos de sus temas de interés. Pero también nos encontramos de forma inversa que si el tema no le interesa pueden permanecer callados, (mutismo selectivo), siendo sus respuestas cortas e inconexas con el contexto. El trabajo grupal en la escuela suele ser muy difícil de asumir, ya que se les dificulta esperar su turno para participar y no tienen la facilidad para aceptar otros puntos de vista que no concuerden con el suyo propio, lo cual entorpece para sostener una conversación de doble vía.
  • Problemas para cambiar el tópico de la conversación. Cuando lo hacen parece carecer de orden lógico, es decir, pueden permanecer mucho tiempo hablando de algo que les interesa pero cuando no, lo cambian sin ningún sentido.
  • Lenguaje literal tanto en la comprensión como en la expresión. Les cuesta bastante ver más de un significado o comprender un significado más amplio de esa palabra. Dado que tienen un lenguaje rígido que dificulta los cambios y la fluidez del mismo. Todo esto hace que les cueste mucho entender e incluso malinterpretan las metáforas, los sarcasmos, los dobles sentidos, la ironía, las bromas, los significados implícitos u otras formas de cortesía, es decir, no saben leer entre líneas. Son incapaces de distinguir cuando se les habla en serio o se está bromeando, creyendo todo lo que se les dice aunque sea inverosímil.

Como hemos visto los niños/as con Síndrome de Ásperger (SA) dominan bien el lenguaje concreto (no abstracto), por lo tanto los obstáculos con los que se encuentran en el aprendizaje no se relacionan con dificultades fonológicas, sino con aspectos semánticos-pragmáticos.

Pero ¿qué pasa a la hora de aprender una nueva lengua?

La verdad es que cada vez me encuentro con más niños/as con un dominio de varias lenguas e incluso algunas las aprende de forma autodidacta. Pero se encuentran las mismas dificultades comentadas anteriormente, apareciendo esas dificultades en la comunicación social, para entender las claves no verbales y todo lo relacionado con los términos mentalistas.

Hay que tener mucho cuidado porque son niños/as que pasan muy desapercibidos, porque son bastante funcionales llegándose a confundirlos como maleducados por ser de esos tipos de niños/as que parecen no tener pelos en la lengua. Por eso es importante el diagnóstico lo más precoz posible para iniciar su tratamiento y así mejorar su calidad de vida, además de para poder ayudarles a dejar de ser el blanco de su compañeros al ser consideradas como personas raras, diferentes, con comportamientos excéntricos.

Por eso de manera resumida, os dejo 10 señales características de este trastorno:

  • Dificultades para la interacción social y relaciones sociales limitadas, dificultad para hacer amigos.
  • Falta de empatía con las demás personas.
  • Dificultad para entender y comprender el mundo que les rodea y las emociones de los demás.
  • Pueden reaccionar molestos ante determinados estímulos externos: ruidos, imágenes, luz…
  • Pueden mostrar retraso motor y torpeza en sus movimientos.
  • Intereses y actividades restringidas, rígidas, sistemáticas y repetitivas.
  • Conductas excéntricas o poco habituales.
  • Dificultad para mantener el contacto visual, no suelen mirar a los ojos cuando te hablan.
  • Hablan mucho, en un tono alto y peculiar, y usan un lenguaje pedante, extremadamente formal y con un extenso vocabulario.
  • Inventan palabras o expresiones idiosincrásicas.
  • En ocasiones parecen estar ausentes, absortos en sus pensamientos.

“Hay una historia detrás de cada persona. Hay una razón por la cual son como son. Piensa en eso antes de juzgar a nadie.”

Marian Sirera Conca, Pedagoga. Coordinadora Diagnósticos e Intervención en los Trastornos del Neurodesarrollo en RED CENIT Valencia 

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