Imagine que tiene que entrar por primera vez en un almacén que no conoce para buscar una caja guardada entre otros muchos objetos y materiales. Entra en el cuarto y, de repente se va la luz, se dispara una alarma muy fuerte y comienza a llover agua de los pulverizadores del techo. Sin la ayuda de la vista y el oído,  ¿confiaría solo en su sentido del tacto y de la posición corporal para orientarse y decidir qué hacer?  o ¿cree que el estruendo de la alarma y la sensación inesperada de la ducha de agua sobre su cuerpo mermaría de algún modo su capacidad de seleccionar las demás sensaciones?
En situaciones normales, dependemos del trabajo coordinado de todos nuestros sentidos, por lo que es lógico sentir cierta incomodidad si de repente alguien o algo nos arrebata toda esa información sensorial familiar y predecible. Sin todos los sentidos operativos, uno empieza a depender de otras sensaciones a las que no recurriría normalmente. Siguiendo con el ejemplo del almacén. ¿Se imagina lo que sería carecer de todos esos datos sensoriales predecibles que nos ayudan a mantener la calma, a organizar nuestros movimientos y a sentirnos seguros en nuestro quehacer diario?  A. Jean Ayres.

La teoría general de integración sensorial fue desarrollada por la Dra. Jean Ayres, entre los años 1960 y 1970. Logró descubrir la existencia de un desorden neuronal. Veamos en que consiste exactamente.

¿Qué es la integración sensorial?

La integración sensorial es la función que cumple el Sistema Nervioso al procesar todo lo que captan nuestros órganos sensoriales. Cada día recibimos millones de estímulos que el Sistema Nervioso debe seleccionar, pues muchos de ellos son irrelevantes y debemos inhibirlos, (obviarlos), para no sentirnos abrumados y poder lograr los objetivos que nos proponemos en cada momento. Vivir sin esta inhibición sería realmente agotador y difícil. Sin ella, no podríamos prestar atención a lo que nos interesa, sino que atenderíamos a diferentes estímulos a la vez, teniendo que realizar un gran esfuerzo por centrarnos en la tarea más simple. En cada uno de los pequeños actos que realizamos a diario, cada vez que nos movemos, hablamos, nos relacionamos con los demás, etc. existe una perfecta coordinación entre la información que entra en el Sistema Nervioso a través de los sentidos, y la que sale, en forma de nuestro comportamiento y nuestra actitud ante todo lo que nos rodea.

El cerebro debe organizar todas estas sensaciones para que la persona pueda moverse y aprender a comportarse de manera productiva. El cerebro localiza, clasifica y ordena las sensaciones, igual que un agente de tráfico organiza el tráfico de vehículos de un cruce. Cuando las sensaciones fluyen de forma organizada o integrada, el cerebro las utiliza potencialmente para crear percepciones, comportamientos y aprendizajes. Cuando el flujo de sensaciones es caótico, la vida puede ser un embotellamiento de tráfico en hora punta.

En este proceso, no sólo intervienen los cinco sentidos externos conocidos por todos, (oído, vista, tacto, gusto, olfato), sino también los sentidos internos: táctil, vestibular y propioceptivo.

Tres clases de sensibilidad:

Hipersensibilidad, es decir, mucha sensibilidad.

Hiposensibilidad, es decir, poca sensibilidad.

Reactividad Mixta, es decir, a veces mucha sensibilidad y a veces, muy poca sensibilidad.

Signos Comunes de Problemas de Procesamiento Sensorial

Reacciones inapropiadas: poca o mucha sensibilidad al tacto, a los sonidos, a los estímulos visuales, a los movimientos, olores o sabores.

Ejemplos:

Fastidio por las telas de la ropa, etc.

Molestia por un toque suave y/o inesperado.

Molestia por estar sucio o desordenado.

Resistencia a las actividades de higiene o mantenimiento personal.

Sensibilidad al volumen y la frecuencia de los sonidos.

Distracción/molestia por el ruido del ambiente.

Sobrecargado fácilmente por los estímulos visuales.

Parpadear, fruncir el ceño, o refregarse los ojos frecuentemente.

Moverse constantemente o evitar movimientos y cambios posturales.

Antojarse o evitar sabores u olores particulares.

Poca o mucha tolerancia al dolor.

Problemas vestibulares (de movimiento) y del sentido de propiocepción (sentido del cuerpo):

Problemas de movimientos gruesos y finos.

Conciencia/reconocimiento pobre del cuerpo.

Coordinación ojo-mano pobre.

Planeación pobre del movimiento corporal.

Problemas motrices orales y de la alimentación:

Mucha sensibilidad oral.

Puede babear excesivamente o tener debilidad muscular para succionar el seno o el biberón.

Evita alimentos que a los demás generalmente les gusta.

Puede tener retardos en el habla y el lenguaje.

Problemas para enfocarse y de atención:

Retardos en el desarrollo, el aprendizaje, y dificultades organizacionales.

Incomodidad de permanecer en grupo.

Debemos saber, que la existencia de dichas disfunciones sensoriales se puede comenzar a percibir e identificar desde la etapa preescolar. Por esta razón, es recomendable que tanto padres, como educadores presten la suficiente atención ante los diferentes signos y comportamientos inusuales de los niños. “El correcto funcionamiento del sistema sensorial y su integración es la base para un desarrollo óptimo de capacidades como: concentración, planificación, praxis, aprendizaje académico, autoestima, autocontrol y habilidad motora.

La detección temprana es de vital importancia en cualquier tipo de trastorno, disfunción, etc. Ante cualquier sospecha, debemos observar a los niños y consultar con profesionales médicos, psicólogos, psicopedagogos, etc. No dudes en consultar con nosotros.

Raquel Herrero. Psicóloga y terapeuta en Red Cenit