El nacimiento de un hijo, independientemente de si es el primero o no, es uno de los momentos más emocionantes y bonitos de la vida. No obstante, cuando nos comunican que nuestro hijo es un niño diferente tenemos que remodelar nuestro esquema mental. Es el momento de buscar ayuda, centrarse en su desarrollo y en su calidad de vida. Pero, ¿qué ocurre con los hermanos de niños con diversidad funcional ante estas situaciones?

Cuando ocurren estas circunstancias, los hermanos de niños con diversidad funcional pueden presentar diferentes reacciones:

  • Exceso de solicitud hacia el hermano
  • Comparaciones y sentimiento de culpabilidad
  • No hablar nunca del tema
  • Aparición de conductas regresivas, llamadas de atención, rabietas…
  • Celos de su hermano
  • Sentimientos de vergüenza
  • Pueden aparecer miedos más profundos
  • Preocupación por el futuro

¿Qué podemos hacer como padres para evitar este tipo de reacciones?

El primer paso y, el más importante, es explicarles a nuestros hijos qué es la diversidad funcional e informarles de todo. De este modo, les hacemos partícipes de todo el proceso y fomentamos la unión familiar desde la empatía y el respeto.

Esta explicación ha de estar adaptada en función de la edad del niño.

  • Niños hasta 8 años:
    • Debemos explicárselo lo antes posible. Preferentemente ambos padres y con el bebé presente
    • Adecuar la información a su edad.
    • Hablar de la diversidad con naturalidad.
    • Contestar a todas las preguntas que puedan surgirle.
    • Pensar en situaciones en las que todos necesitamos ayuda para explicar las necesidades específicas de su hermano con diversidad.
    • Explicar las diferencias que hay entre ellos, pero también las semejanzas.
    • Corregir la lógica del pensamiento infantil: “Es más pequeño…”, “está malito…”, “pobrecito…”.
    • Conforme vayan creciendo apreciarán más detalles. Explicarles todo conforme vayan teniendo alguna duda.
  • Infancia media (9-12 años):
    • Debemos ayudarles a reflexionar sobre cómo se sienten. Saber que sus reacciones son normales, les ayudará a no sentirse culpables.

Una vez le hemos comunicado a nuestro hijo de la mejor manera posible, el siguiente paso es tener en cuenta ciertas pautas que podamos aplicar en nuestro día a día familiar, fomentando así un clima y un núcleo familiar equilibrado.

Aquí os dejamos unas pautas para llevar a cabo en la dinámica familiar:

  • Darles información clara y realista.
  • Acercarles al mundo de la diversidad funcional de forma progresiva y con la mayor normalidad posible
  • Invitarle a alguna sesión de terapia con su hermano
  • Procurar no ser demasiado exigentes con ellos
  • Ser cuidadoso con la posible tendencia a compensar las carencias del niño con diversidad funcional, exigiendo más a los que no la tienen.
  • Evitar hacerles responsables del cuidado del hermano, salvo en aquellos aspectos en que ellos voluntariamente quieran colaborar
  • Responsabilidades adecuadas a su nivel de capacidad y procurar ser justos
  • Fomentar que los amigos vengan a casa
  • Conocer a otros hermanos de niños con diversidad funcional
  • Dedicarles el tiempo que requieren y no el que “sobra” y hacerles saber lo que les hace especiales también a ellos.
  • Reconocer a cada hijo sus peculiaridades
  • Agradecer a los hijos su ayuda
  • Respetar los momentos en que quieren estar solos o realizar actividades sin sus hermanos
  • Dejar que los hermanos soluciones sus diferencias sin intervenir
  • Procurar que la dinámica familiar no sea totalmente dirigida a la diversidad funcional.
  • Permitir la expresión libre de todos los miembros de la familia

En conclusión, es importante estar ahí para nuestros hijos e intentar dividir el tiempo de la forma más equiparable posible. Ser y estar. Aceptar las emociones que puedan surgir a los hermanos de niños con diversidad funcional, (como por ejemplo niños con autismo), desde el respeto y la empatía, sin juzgar.

“Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas.” (John F. Kennedy)


Alicia Valls Monzó, es psicóloga y terapeuta en Red Cenit

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