El trastorno por déficit de atención (TDAH) se caracteriza principalmente por la hiperactividad, la impulsividad y la inatención. Pero, como hemos comentado en otras ocasiones, además, de estos síntomas nucleares hay ciertas características que comúnmente van asociadas al trastorno. Entre éstas se encuentran las dificultades emocionales, como es el caso de la inmadurez emocional.

 

 

Dentro de esta inmadurez emocional presente en las personas diagnosticadas de TDAH, existe un déficit en autorregular las emociones, lo cual se observa en las dificultades que tienen estos niños en interiorizar y controlar la intensidad de sus propias emociones. Es habitual ver cómo sus reacciones son en ocasiones exageradas por motivos que nos pueden parecer de menor importancia, o por el contrario, encontrar una falta de reacción por otras cuestiones en las que esperaríamos una gran respuesta.

El resultado de estas dificultades emocionales se traduce en una conducta inmadura para su edad, con gran facilidad para alterarse ante aquello que no les gusta por la baja tolerancia a la frustración que les caracteriza.

A esta marcada inmadurez emocional que se da, tanto en adultos, que continúan comportándose como niños o adolescentes, como en niños que se comportan como si tuvieran menor edad, se le ha denominado el Síndrome de Peter Pan. Un término empleado por primera vez por el psicólogo Dan Kiley en 1983 y, aunque no se recoge en los actuales manuales de psiquiatría y psicología por no tratarse de un trastorno, este símil es de gran utilidad para entender lo que caracteriza a estos niños y adultos.

Las personas con Síndrome de Peter Pan o inmadurez emocional se caracterizan a grandes rasgos por los siguientes aspectos:

– Tienen dificultad para cumplir sus promesas y acuerdos dado que son prácticamente incapaces de comprometerse.

– Tienen una baja autoestima que en ocasiones se asocia a sentimientos de culpa o tristeza.

No asumen ni aceptan las obligaciones y responsabilidades propias de las diferentes etapas de la vida a medida que van creciendo.

– Suelen tener una gran dependencia afectiva y emocional de sus parientes cercanos y referentes, por su fuerte necesidad de cuidados y sobreprotección. Es frecuente que necesiten apoyo y supervisión continua.

– Su inseguridad les impide decidir por ellos mismos, por lo que suelen delegar en otros su toma de decisiones. En ocasiones también, se observa una gran dificultad por resolver sus problemas por ellos mismos.

Es frecuente que estas conductas y actuaciones se observen en aquellas personas diagnosticadas de TDAH, por lo que aunque no constituya un trastorno asociado, se trata de características que deben ser tenidas en cuenta a la hora de evaluar y tratar a los niños con TDAH.

Si nos preguntamos cuáles son las posibles causas de esta inmadurez emocional, tenemos que pensar en primer lugar en el perfil psicológico propio de cada persona. Existen personas con mayor tendencia a la inmadurez, la dependencia de los otros o la evitación de los problemas y responsabilidades. Por otro lado, se ha demostrado que en este caso también influye el estilo educativo de los padres o tutores. Aquí, se ha observado que un estilo educativo más hostil y autoritario, que se asocie con algunas carencias afectivas y emocionales, propicia estos comportamientos más inmaduros. De la misma forma, un estilo educativo demasiado sobreprotector que evite cualquier contacto con situaciones amenazantes, también, puede llevar almismo estilo de comportamiento inmaduro por parte de los niños.

Por esta demostrada asociación entre el estilo parental y el comportamiento de los niños, es necesario que los padres actúen en base a unas normas y unos límites bien fundamentados, para lograr actuar de forma preventiva a la aparición de estas características de conducta. No obstante, si estas características de comportamiento y esta inmadurez emocional ya se han observado, existen ciertas pautas de actuación y tratamiento que están a nuestro alcance como son:

– Desarrollar y mejorar una buena autoestima, mejorando la confianza y seguridad en uno mismo.

– Poner en práctica ciertas técnicas de modificación de conducta, como: proporcionar unos estilos de afrontamiento adaptativos, enseñar estilos de comunicación de tipo asertivo, o entrenar en la resolución de problemas.

– Enseñar y ayudar a desarrollar su propia autonomía e independencia, de forma que, los niños se adapten a los retos y metas que se presentan a medida que crecen y maduran.

Desde Red Cenit, tenemos en cuenta en el tratamiento de los niños con TDAH todas estas características asociadas al trastorno, que en ocasiones podrían ser pasadas por alto pero que, sin embargo, suponen un elemento determinante en la evolución y el bienestar de los niños.

 Viqui Fuster, psicóloga y terapeuta en Red Cenit