Pasillos en silencio, aulas vacías, patios limpios, profes y algún que otro niño/a que viene al trabajo con mamá o con papá… llegan las vacaciones de verano a las aulas de los colegios y de los institutos.

Tiempo de pasar calor asfixiante en los centros pero con la calma, la serenidad y la tranquilidad que te da el no estar pendiente del horario, de los cambios de clase, de las guardias, de la programación y de los posibles altercados del día a día con el alumnado y con las familias.

Es tiempo de hacer memorias, de revisar programaciones, de realizar propuestas de mejora para el próximo curso y de dejar todo listo para la vuelta, para que en septiembre esté todo preparado cuando vuelvan a llenar de vida los centros nuestros queridos alumnos.

¿Ya estás de vacaciones? Esa es la pregunta que siempre se repite desde que empecé a trabajar como docente hace unos 10 años. ¡Qué vida os pegáis los maestros!, ¡tenéis más vacaciones que nadie!, ¡vivís muy bien!…

Me encanta mi trabajo, disfruto del día a día y soy una privilegiada porqué para mí no se trata de ir a cumplir un horario para cobrar un sueldo, para mí es mucho más. El futuro de muchos adolescentes pasa por mis manos y eso hace que me sienta muy orgullosa y me sienta afortunada de poder hacer lo que siempre he querido y lo que más me gusta, enseñar.

Llegados a este punto, este curso he decidido repetir en el centro en el que estoy. Me ha costado mucho tomar la decisión ya que por fin tengo mi plaza definitiva donde quería y por eso, no he sabido muy bien qué hacer hasta el último momento.

Llevo muchos años luchando por la inclusión educativa, pienso que es lo que tiene que ser, creo que no deberían existir los centros de educación especial y que todo el alumnado debería de estar en los centros ordinarios con los apoyos necesarios y las ratios pertinentes como para poder realizar el mismo trabajo que se realiza en los centros de educación especial. Esa es mi filosofía y mi visión como docente pero mi anhelada plaza está en un centro de educación especial.

¿Incoherente? No, realista. Cuando empecé en el IES Bovalar de Castellón de La Plana fue en el curso 2009-2010, han pasado muchos cursos, han cambiado muchas cosas pero igual no en el sentido que yo esperaba…

Termina el curso, estoy cansada, desilusionada, insatisfecha con el trabajo realizado y supongo que con necesidad de desconectar, de coger fuerzas y de empezar mi lucha con más fuerza y más ganas que nunca en septiembre, pero ahora mismo, soy bastante pesimista.

Los cambios han venido producidos debido a que fue la primera unidad CyL (Comunicación y Lenguaje) que se creaba en Secundaria en toda la Comunidad. Ilusión, alegría, esperanza… Llegados al final del curso 2016-2017, únicamente se han creado cuatro unidades más en secundaria en toda la provincia. Es inevitable que suceda lo que está sucediendo ya que hay un embudo que hace que las ratios aumenten en Secundaria y que no se pueda dar la atención individualizada que es necesaria en este tipo de unidades. No se aumentan los recursos en proporción al alumnado y no se dota de más unidades a otros centros para repartir al alumnado, por tanto, nuestra labor pierde el sentido por completo.

He aprovechado el momento de escribir mi artículo del mes para aportar mi reflexión personal sobre la inclusión educativa y para desahogarme pensando que habrá gente que leerá el artículo y entenderá lo que estoy diciendo.

Han sido muchos años de lucha para intentar mejorar la calidad de vida de las comunidades educativas en general y de las personas con autismo en particular, para hacer realidad el sueño que muchos docentes, tenemos. Pero no se aprecia, no se reconoce y no se quiere seguir la línea para mejorar y poder llegar a los centros de escolarización preferente en TEA dotando de los recursos necesarios especializados por ratio de alumnado. Por esto, las plazas no pueden ser definitivas y dependemos de una Comisión de Servicios para poder seguir nuestra labor docente.

Por ello, he pedido mi plaza definitiva en un centro de educación especial y por eso estoy muy contenta, porqué sé que pase lo que pase, podré seguir realizando mi trabajo sea en el entorno que sea. Así pues, me he dado un curso más, quiero que llegue el momento en que mi decisión venga por no poder más, por haber puesto toda mi fuerza y mi energía y ver que no llego, por definitivamente pensar que podré hacer más en mi plaza definitiva que en un proyecto que lleva como experimental más de diez años y del que no veo salida, o al menos, una salida que me convenza.

Tengo claro, que para trabajar en un aula de educación especial dentro de un centro ordinario, me voy a trabajar a un centro de educación especial, esta no es mi propuesta de inclusión educativa y me molesta mucho que aparezca en las leyes la palabra y que se siga segregando sin ningún tipo de problema.

Espero que tengáis muy buen verano, que descanséis y que disfrutéis de vuestras merecidas vacaciones. Yo lo haré y seguro que en septiembre vuelvo con las pilas cargadas al máximo para poder “comerme el mundo”, este mundo que me cuesta tanto entender, con toda mi ilusión y mi energía.

¡FELIZ VERANO!

Carmina Forment Dasca, maestra de audición y lenguaje y asesora en los centros de Red Cenit de Castellón y Valencia

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