¿Síndrome de Asperger o Trastorno de la Comunicación Social?

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A partir de la reciente publicación de la guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5 en español, ya podemos hablar con certeza de las novedades que aporta con respecto a la clasificación y diagnóstico de los trastornos mentales, que tienen amplios efectos sobre muchas especialidades.

Hoy nos centraremos, en uno de los campos que más polémica ha suscitado desde las primeras nociones que se tuvieron al respecto a partir de traducciones que iban circulando por la red.

La principal preocupación era que desaparecía el diagnóstico de Síndrome de Asperger ¿qué pasaría entonces, con todas las personas que habían recibido dicho diagnóstico según el DSM-4?. Aquí es dónde se centraba el gran debate, algunos decían que se cambiarían a un nuevo nombre que aparecía con fuerza en este nuevo manual “trastorno de la comunicación social”, otros comentaban que entraría dentro del “trastorno del espectro autista”, otros que lo importante no era la etiqueta, si no la intervención…

El nuevo manual basa el diagnóstico del Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), a diferencia del DSM-4 en niveles de gravedad. Estos niveles de gravedad tendrán como base dos áreas (A y B), de las 5 determinantes según los criterios marcados, estas son: A. Área de la comunicación social. B. Área de comportamientos restringidos y repetitivos.

Los niveles de gravedad, vendrán marcados por tres grados que registrarán las alteraciones en las dos áreas arriba mencionadas, quedando expuestos de la siguiente manera: GRADO 3: “Necesita ayuda muy notable”. GRADO 2: “Necesita ayuda notable”. GRADO 1: “Necesita ayuda”.

Con esta breve y rápida explicación, queda claro que lo que en el DSM-4 se diagnosticaba como “síndrome de  Asperger”, en el DSM-5 será un “trastorno del espectro del autismo de grado 1”. Esto será así, siempre y cuando estuviese bien diagnosticado según el DSM-4. En el caso de no ser así y no marcar en el área de comportamientos restringidos y repetitivos, no sería en su momento un “síndrome de Asperger” ni ahora un trastorno del espectro del autismo (TEA) grado 1.

Es decir, si no marca en el área de comportamientos restringidos y repetitivos, no estamos hablando de un TEA grado 1 (DSM-5), si no que sería un trastorno de la comunicación social, que entra dentro de los trastornos de la comunicación, otro apartado del DSM-5 que podremos explicar en otro artículo en el que hablemos sobre estos trastornos y las novedades que abarcan en la nueva guía.

Así pues, recalcar que por mucho que se haya especulado sobre si es mejor o peor el nuevo manual diagnóstico, sobre si no importa la etiqueta o sí que importa, sobre si se les quitarán ayudas o no a los niños dependiendo de los nuevos diagnósticos… Debemos asegurar que más allá de los nombres o etiquetas, lo realmente importante es encontrar un buen profesional, capaz de valorar y diagnosticar siguiendo la guía más actual y avanzada acorde con las últimas investigaciones para poder así, trabajar teniendo una base científica certera y fiable.

El DSM-5, continua teniendo como referente el CIE 10, la décima revisión de la clasificación internacional de las enfermedades. Dentro de los trastornos mentales y de comportamiento, la clasificación queda de la siguiente manera:

– Trastorno del espectro del autismo (DSM-5); F84.0 Autismo infantil (CIE-10) y el Trastorno de la comunicación social (DSM-5); F80-89 Trastornos del desarrollo psicológico (CIE-10).

Todos los avances científicos a nivel diagnóstico, nos ayudan a lograr más avances a nivel de intervención y conocer más métodos y metodologías que harán que conociendo a la persona y adaptándonos a sus intereses, características y habilidades, consigamos mejorar su calidad de vida y la de todos los que están a su alrededor.

En conclusión, un buen trabajo multidisciplinar (médico, psicólogo, terapeuta y logopeda) en donde el diagnóstico es el primer paso. Con una buena evaluación funcional e interdisciplinar de la que nazca una intervención en diferentes contextos (familiar, escolar/laboral y terapéutico) alrededor de la persona con necesidades (persona central), hará que los avances y progresos sean notables. Todo esto lo podemos decir con certeza ya que, esta es la filosofía de trabajo que mueve nuestro centro y los resultados los observamos día a día con nuestros pequeños-grandes héroes.

“Una buena intervención siempre viene dada a partir de un buen diagnóstico, una buena formación, una actitud de superación, valoración y sobre todo gran entusiasmo y amor por lo que se hace”.

Carmina Forment Dasca, coordinadora de tratamientos TEA y TEL en Red Cenit.