Trastorno del Espectro Autista (TEA)

tea

La conceptualización más moderna del autismo lo considera como un continuo (no una categoría) en el que se altera cualitativamente un conjunto de capacidades en la interacción social, la comunicación y la imaginación. Permite reconocer a la vez los aspectos que tienen en común y los rasgos que diferencian a cada uno. El denominador común “autismo” engloba una amplia variabilidad de manifestaciones, con necesidades muy diferentes en cuanto a su tratamiento dependiendo de las características de cada individuo. Puede decirse que no existe un autismo puro, sino un amplio espectro de manifestaciones.

Síntomas característicos del autismo.

Las características por las que podemos reconocer a un niño/a con Trastorno del Espectro Autista (TEA) son variadas, se trata de un conjunto de anomalías y no es una enfermedad. Es un conjunto de síntomas que se pueden clasificar en tres grupos:

En primer lugar, existen alteraciones cualitativas en la interacción social, las personas con autismo encuentran dificultades para ajustar su comportamiento al de los demás, ya que no entienden muy bien las convenciones y normas sociales. Suelen tener problemas para compartir el mundo emocional, el pensamiento y los intereses. No les resulta sencillo apreciar las interacciones de los demás, desarrollar juegos y hacer amigos. En consecuencia, el mundo social no les resulta fácil y a en muchas ocasiones no les interesa, mostrando aislamiento. Estas limitaciones sociales son especialmente marcadas en la infancia, atenuándose un poco a lo largo de la vida; ya que su interés social va aumentando espontáneamente y ello favorece el aprendizaje de nuevas competencias.

En segundo lugar, existen alteraciones cualitativas de la comunicación; los primeros estudios realizados en el autismo identificaban que un 50% de las personas afectadas no desarrollaban lenguaje hablado funcional a lo largo de su vida; hoy en día teniendo en cuenta el nuevo concepto de TGD o TEA; EL porcentaje disminuye sensiblemente. Existen otros casos que empiezan a hablar y luego pierden su lenguaje. Frecuentemente aquellos que desarrollan el habla lo hacen con ciertas características: ecolalia, perseveración, inversión pronominal, entonación anormal, etc. Lo más característico es que el lenguaje no es utilizado de manera social para compartir experiencias y vivencias; presentando dificultades para iniciar o mantener una conversación reciproca; comprender sutilizas, bromas ironía o dobles intenciones. Este fallo de la comunicación verbal se acompaña además de pobreza o ausencia de la comunicación no verba: gestos, posturas o expresiones faciales que acompañan normalmente al habla o la sustituyen.

En tercer lugar, existen patrones restringidos de comportamiento, intereses y actividades; las personas con autismo presentan intereses especiales, que no son frecuentes en otras personas de su edad (fascinación por partes de objetos, piezas giratorias, letras o logotipos,…), aunque lo más característico es que no comparten intereses con los demás. Pueden aparecer movimientos corporales esteriotipados (aleteos, giros sobre uno mismo, balanceo, deambulación sin funcionalidad,…). El juego tiende a ser repetitivo y poco imaginativo. Muchas personas presentan ansiedad ante los cambios de sus rutinas y/o del entorno. En las personas con mayor capacidad intelectual sus intereses restringidos son más sofisticados y pueden incluir el hacer colecciones, recopilar datos sobre temas específicos. Aunque no están recogidos en los actuales criterios diagnósticos, muchas de estas personas, especialmente durante su infancia, padecen fenómenos de de hipo e hipersensibilidad a los estímulos sensoriales. Esta alteración sensorial puede explicar fenómenos frecuentemente observados como por ejemplo, taparse los oídos, no tolerar diversos alimentos o tejidos, rechazar el contacto físico, autoestimularse con la saliva o mirando reflejos ópticos, o responder inusualmente al dolor.

La detección temprana de los trastornos del desarrollo infantil constituyen el paso imprescindible para el diagnostico y la atención terapéutica. La detección temprana es fundamental para poder incidir en una etapa en la que la plasticidad del sistema nervioso es mayor y las posibilidades terapéuticas muestran su mayor eficacia. Es necesario detectar los trastornos del desarrollo infantil en el momento en que aparecen los primeros signos indicadores de los mismos, si es posible antes que los diferentes síndromes se estructuren de forma completa y estable.

Importancia de la detección temprana.

La detección temprana de los trastornos del desarrollo infantil constituyen el paso imprescindible para el diagnostico y la atención terapéutica. La detección temprana es fundamental para poder incidir en una etapa en la que la plasticidad del sistema nervioso es mayor y las posibilidades terapéuticas muestran su mayor eficacia. Es necesario detectar los trastornos del desarrollo infantil en el momento en que aparecen los primeros signos indicadores de los mismos, si es posible antes que los diferentes síndromes se estructuren de forma completa y estable.

 No todos los niños presentan todos los síntomas anteriormente citados como clásicos y ninguno es decisivo. Consecuentemente, la ausencia de cualquiera de ellos no es excluyente del diagnostico de autismo. Aunque algunos estudios e informes familiares señalan anomalías observables en los primeros 12-18 meses de vida, es actualmente a partir de los 24 meses cuando se aprecian, con mayor intensidad los síntomas característicos. El desarrollo del lenguaje, en los primeros años de vida, presenta un retraso significativo o características peculiares en una mayoría de personas con TEA.