Iniciamos un nuevo año y con todas nuestras buenas intenciones nos planteamos la adquisición de nuevos propósitos. Es por lo tanto un buen momento para incluir el hábito del ejercicio físico en nuestro día a día.
Cada vez hay más evidencia científica de todos los beneficios que aporta, convirtiéndose especialmente en un aliado para personas diagnosticadas con TDAH.
Vamos por partes:
El TDAH tradicionalmente es entendido como una dificultad para mantener la atención o para controlar la impulsividad, pero esto hay que trascenderlo y entender que se trata simplemente de una forma diferente de funcionamiento cerebral que afecta a la autorregulación, a la atención, a la impulsividad y a las funciones ejecutivas.
En este contexto el deporte supone una herramienta terapéutica muy potente ya que como venimos diciendo, impacta en el desarrollo cognitivo.
Vemos cómo lo consigue:
Cuando se realiza un entrenamiento regular, ya se de fuerza o cardio, nuestro cerebro libera dopamina, serotonina y noradrenalina, neurotransmisores todos ellos directamente implicados en el TDAH. Por tanto la actividad física produce cambios estructurales en el cerebro, que permiten que se establezcan con mayor fluidez ciertas conexiones.
Efectos de la actividad física en personas con TDAH
Recientes investigaciones en neurociencia aseguran que los efectos a medio / largo plazo de la actividad física son tres:
- Favorece la formación de nuevas neuronas (neurogénesis).
- Se segregan ciertos neurotransmisores que permiten la conectividad entre las neuronas (sinaptogénesis)
- Se aprecia una vascularización, es decir formación de nuevos capilares sanguíneos que dan lugar a una mayor oxigenación (angiogénesis)
¿Y esto en qué se traduce?
- Mayor capacidad de atención
- Mejora del propio estado de ánimo
- Mayor control de la impulsividad y del comportamiento.
Por otro lado, cabe mencionar un proteína que se libera en diferentes zonas del cerebro y que incide en la memoria, aprendizaje, atención, funciones ejecutivas en general y regulación emocional. Se trata del BDNF (neurotrófico derivado del cerebro)
¿Y qué estimula la liberación de BDNF de forma natural?
El ejercicio físico activo, aeróbico y de fuerza.
Y esto me lleva a publicaciones recientes en las cuales en muchos centros educativos se han instaurado lo que denominan “pausas activas” y que suponen una estrategia muy sencilla que consiste en breves momentos de movimiento dentro de la jornada escolar, con el fin de activar el cuerpo para reactivar el cerebro. Duran entre 2-5 minutos, con una frecuencia de unos 45 minutos y se llevan a cabo dentro del aula.
El BDNF por tanto activa la neuroplasticidad, es decir, permite que se den cambios estructurales en el cerebro, fortaleciendo las conexiones neuronales. Así pues, en niños y adolescentes, tras la actividad física, el cerebro muestra mayor predisposición para aprender y mantener el foco atencional.
En los adultos la actividad física es también una gran aliada, permite aumentar la productividad, disipar la “neblina mental”, reducir la dispersión y colocar el foco en lo que se está haciendo. Además de los múltiples beneficios que aporta a nivel general a todo el organismo y como prevención de futuras posibles enfermedades.
La actividad física no sustituye la intervención, pero la complementa potenciando sus efectos.
¿Te animas?

