Cada 13 de mayo se celebra el Día de la Pedagogía. Y a pesar de que para muchas personas la figura del pedagogo sigue ligada únicamente a las aulas, los colegios o las academias, la realidad es mucho más amplia.

Soy pedagoga y llevo años trabajando en Red Cenit. Durante este tiempo he comprobado algo que todavía sorprende a muchas personas: la pedagogía también tiene un papel fundamental dentro del ámbito sanitario y clínico.

A menudo, cuando digo a qué me dedico, la respuesta suele ser: “entonces, ¿eres profesora? o ¿trabajas en un colegio?” Y aunque la enseñanza forma parte de nuestra esencia, nuestra labor va mucho más allá de impartir contenidos. La pedagogía se centra en entender cómo aprendemos, cómo enseñamos y cómo acompañamos a las personas en sus procesos de desarrollo, adaptación y bienestar.

En nuestro centro el pedagogo ejerce un rol clínico y educativo clave, ya que trabajamos con niños/as, adolescentes y adultos, ayudándoles a potenciar sus capacidades, superar dificultades y mejorar su calidad de vida; por lo que como se puede ver nuestro objetivo no es únicamente académico, sino integral.

En mi día a día trabajo con personas que presentan dificultades de aprendizaje, trastornos del neurodesarrollo, daño cerebral adquirido o deterioro cognitivo asociado a la edad. Y detrás de cada caso con el que he trabajado o trabajo hay una historia, una familia y una necesidad diferente, por eso, nuestra intervención nunca puede ser general, ya que cada persona necesita ser comprendida desde su realidad, sus capacidades y sus emociones.

Funciones que desarrollamos las pedagogas dentro de Red Cenit

  • Evaluación y diagnóstico psicopedagógico: una de nuestras principales labores es identificar dificultades de aprendizaje como dislexia, TDAH, discalculia u otras alteraciones relacionadas con el desarrollo y el aprendizaje. Además, evaluamos funciones cognitivas como la atención, la memoria, el razonamiento o las funciones ejecutivas.
  • Intervención y reeducación: diseñamos planes de intervención personalizados para mejorar habilidades académicas, comunicativas, lingüísticas o de lectoescritura. Cada objetivo se adapta a las necesidades concretas de la persona, respetando sus tiempos y potenciando sus fortalezas, porque no todos aprendemos igual, ni al mismo ritmo.
  • Estimulación cognitiva: trabajamos programas de rehabilitación y mantenimiento cognitivo tanto en procesos de daño cerebral como en personas mayores o pacientes con trastornos del neurodesarrollo.
  • Orientación familiar: las familias también necesitan apoyo, ya que muchas veces llegan con dudas, miedos o sensación de no saber cómo actuar. Por eso parte de nuestro trabajo consiste en acompañarlas, orientarlas y ofrecerles herramientas para gestionar las necesidades educativas y conductuales desde casa. Cuando una familia entiende lo que ocurre a su hijo, cambian muchas cosas.
  • Coordinación transdisciplinar: quizá una de las partes más enriquecedoras de trabajar en un centro sanitario sea el trabajo en equipo. Las pedagogas coordinamos estrategias junto a logopedas, psicólogas, terapeutas ocupacionales y otros profesionales para garantizar una atención integral, donde cada especialista aporta una mirada diferente, pero todos perseguimos el mismo objetivo: el bienestar de la persona.

Muchas veces nuestra labor pasa desapercibida. No solemos aparecer en primer plano cuando se habla de salud o intervención clínica. Sin embargo, estamos presentes en procesos fundamentales: ayudando por ejemplo a un niño/a a aprender a leer sin frustración, acompañando a una familia tras un diagnóstico, o trabajando para que una persona mayor mantenga sus capacidades cognitivas el mayor tiempo posible.

Durante esta travesía profesional, considero muy importante que ser pedagoga no es solo enseñar. Es acompañar, observar, comprender y construir oportunidades para que cada persona pueda desarrollar su máximo potencial.

Por eso, quería reivindicar nuestra profesión y dar visibilidad a todos esos pedagogos y pedagogas que trabajan fuera del aula, especialmente en el ámbito sanitario, donde nuestra figura sigue siendo poco conocida sobre todo a nivel legislativo, pero profundamente necesaria.

Después de años trabajando aquí, puedo decir que la pedagogía tiene el poder de transformar vidas desde muchos lugares diferentes. No siempre trabajamos entre pizarras y libros. A veces lo hacemos entre emociones, diagnósticos, familias y pequeños avances que significan enormes victorias, y quizá esa sea la parte más bonita de esta profesión: entender que detrás de cada dificultad siempre hay una persona que necesita ser acompañada desde la empatía, el conocimiento y la esperanza.

“Nadie se salva solo, nadie salva a nadie: nos salvamos en comunidad”
(Paulo Freire – Pedagogo)

Marian Sirera Conca, Pedagoga en RED CENIT Valencia 


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