El Trastorno del Espectro Autista (TEA) viene siendo considerado mayoritariamente una condición masculina desde hace varias décadas. Sin embargo, hoy en día sabemos que esto se debe a que los criterios diagnósticos tradicionales se basaron en la observación casi exclusiva de niños. Derivando en un infradiagnóstico de las niñas autistas, quienes se ven obligadas a desenvolverse día a día utilizando una estrategia que les permite sobrevivir a su entorno: el masking, o enmascaramiento.
¿Qué es el masking en niñas con autismo?
El “masking” (enmascaramiento o camuflaje social) es un conjunto de estrategias cognitivas y conductuales que las personas autistas, especialmente niñas y mujeres, utilizan para ocultar o disimular sus rasgos y parecer neurotípicas con el fin de evitar el rechazo y encajar.
¿Cómo se manifiesta el camuflaje social?
Este fenómeno sucede de manera consciente o inconsciente y se manifiesta principalmente a través de tres modos:
- Imitación y camuflaje: estudiar de manera minuciosa cómo interactúan los demás para copiar gestos, imitar formas de expresarse, forzar el contacto visual, aprender chistes y frases hechas para usarlos en el momento adecuado, o ensayar conversaciones y expresiones faciales frente al espejo.
- Represión o anulación de la autoregulación: ocultar el “stimming” o conductas autoestimulantes o de autorregulación como el balanceo, aleteo de manos, tocar texturas, repetir de movimientos físicos propios o de objetos, repetir palabras, etcétera. Sustituyéndolas por comportamientos socialmente aceptados como morderse el labio o cara interna de las mejillas, jugar con un anillo o con un mechón de pelo, o mover los dedos de los pies dentro del zapato.
- Hipervigilancia social: estar en un estado constante de alerta, analizando cada mínima interacción para asegurarse de que su tono de voz, su postura, su apariencia y sus respuestas sean las «correctas».
Los niños autistas también recurren al masking. No obstante, en las niñas se da de forma cualitativamente más sofisticado, sutil y duradero. Es por ello que prevalece el diagnóstico tardío en mujeres respecto al diagnóstico masculino.
Consecuencias del masking en la salud mental
Sostener este esfuerzo cognitivo durante años tiene consecuencias devastadoras para la salud mental en la adolescencia y la vida adulta:
- Burnout autista: es un estado de agotamiento físico, mental y emocional absoluto. Es llegar al límite de sus fuerzas hasta el punto de poder llegar a perder habilidades que ya tenía, como tolerar estímulos sensoriales, socializar, hablar con fluidez, tomar decisiones, etcétera.
- Erosión de la identidad y baja autoestima: muchas mujeres llegan a la adultez sin saber quiénes son realmente como resultado de pasar tanto tiempo actuando como alguien que no son. Con una sensación constante de ser un fraude o de que a quien aprecian es al personaje que interpretan, y no a ellas mismas.
- Problemas de salud mental asociados: el enmascaramiento crónico provoca niveles muy elevados de ansiedad generalizada y depresión. Además, debido al diagnóstico tardío, es muy común que estas niñas lleguen a la adultez con diagnósticos erróneos como el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), Ansiedad Social o Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).
El “masking” es una estrategia de supervivencia, pero también es un obstáculo invisible que retrasa el apoyo que estas niñas necesitan. Así, cabe insistir en alcanzar un cambio en la mirada clínica y social, para entender que el autismo no tiene una sola imagen o manifestación. Es fundamental para que dejen de ocultarse y puedan, por fin, mostrar sin peligro al mundo sus características, su singularidad y sus necesidades. Y que sea el mundo quien aprenda a adaptarse y a convivir con la neurodivergencia.
Alba Monzó, es pedagoga y terapeuta en Red Cenit
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