Cada 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Esta fecha, más que un hito en el calendario, nos invita a reflexionar de manera diaria, sobre nuestras prácticas, sobre la organización de los entornos educativos y sociales, y sobre la manera en que comprendemos la diversidad en los procesos de aprendizaje.

Desde la psicopedagogía, acompañamos a niños, niñas, jóvenes y sus familias en trayectorias muy diversas. Cada proceso es singular, pero comparten algo fundamental: todas las personas tienen derecho a aprender, a participar y a desarrollarse con los apoyos que necesiten. Esto nos invita a abandonar miradas reduccionistas o déficits y avanzar hacia enfoques que reconozcan las potencialidades, los ritmos propios y los modos diversos de construir aprendizajes reales, funcionales y significativos.

Es de vital importancia comprender que la discapacidad no reside en la persona, sino que aparece cuando los entornos no se adaptan. Esto se observa, por ejemplo, cuando el colegio no flexibiliza, cuando se sostienen modelos pedagógicos rígidos, cuando la información no es accesible o cuando se espera que todos aprendan de la misma manera

Es necesario que pensemos desde el modelo social revisando nuestras prácticas: cómo enseñamos, cómo acompañamos, cómo evaluamos y cómo generamos oportunidades reales y significativas de participación. La accesibilidad no es un añadido, es una condición básica para que el aprendizaje sea posible.

Desde la Psicopedagogía no nos limitamos a intervenir sobre dificultades, sino a construir puentes:

  • Puentes entre lo que cada persona necesita y lo que el contexto ofrece.
  • Puentes entre la escuela y la familia.
  • Puentes entre la teoría y la vida cotidiana.
  • Puentes que permitan que los apoyos se traduzcan en experiencias de aprendizaje significativas.

Acompañar no es sustituir ni intervenir “por” el otro: es abrir caminos.
Es diseñar estrategias claras y accesibles, anticipar lo que puede generar desbordes, organizar los entornos, ajustar las demandas y celebrar cada avance, por pequeño que sea, desde una mirada respetuosa y potenciadora.

Claves para poner en práctica todos los días

  • La inclusión comienza en la mirada: La forma en que miramos condiciona nuestras decisiones pedagógicas. Cuando dejamos de centrarnos en lo que falta y ponemos el foco en lo que la persona puede construir, la intervención se vuelve más accesible y respetuosa, y te aseguro que los cambios, aunque sean pequeños, se convierten en una gran satisfacción.
  • Los apoyos son DERECHOS: Adaptaciones, materiales visuales, tiempo adicional o enseñanza explícita no son favores. Son ajustes razonables que garantizan el derecho a participar y aprender en igualdad de condiciones.
  • Las familias necesitan acompañamiento y sostén: Acompañar a las familias implica escuchar, orientar y validar sus experiencias. Su participación es clave para que la intervención tenga coherencia y continuidad.

Mas allá de esta fecha te invito a reafirmar nuestro compromiso profesional: construir entornos accesibles, humanos y flexibles; promover prácticas basadas en evidencias; y respetar la singularidad de cada trayectoria.

La inclusión no es un acto aislado, sino un trabajo cotidiano y compartido. Es una forma de mirar, enseñar y vincularnos. Que todos los días nos encuentre creando espacios donde todas las personas puedan participar, aprender y desarrollarse plenamente.

Elisa Calabrese, es pedagoga y terapeuta en Red Cenit

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