Si tu hijo se pasa horas delante de los libros sin avanzar, si se frustra porque «no se le queda nada» o si estudiar se ha convertido en una batalla diaria… es posible que no sea un problema de capacidad, sino de método.

Las técnicas de estudio son mucho más que subrayar con rotuladores de colores o hacer resúmenes. Son herramientas clave que ayudan a los niños a organizar la información, comprenderla mejor y retenerla de forma más efectiva. Y lo más importante: pueden hacer que estudiar deje de ser un castigo y se convierta en algo más llevadero.

1. Cuando estudiar se convierte en un muro

Muchos niños sienten que el estudio es una montaña imposible de escalar. No saben por dónde empezar, se distraen fácilmente o pasan horas memorizando sin éxito. El problema no es que no puedan aprender, sino que no tienen las herramientas adecuadas para hacerlo.

Aquí es donde entran las técnicas de estudio: enseñarles a organizarse, a comprender lo que leen y a recordar la información de forma eficiente puede marcar la diferencia entre la frustración y el éxito académico.

Métodos como el subrayado, la elaboración de resúmenes, los mapas conceptuales,  las tarjetas de memoria y el  uso eficaz de la tecnología,  son ejemplos de estrategias que ayudan a mejorar la retención y a incrementar la comprensión. 

La organización visual de la información ayuda a los estudiantes a ver conexiones entre conceptos, lo que profundiza su entendimiento.

2. La clave: encontrar el método que funcione para cada niño

No todos los niños aprenden igual. Algunos necesitan ver la información de forma visual con gráficos y esquemas; otros memorizan mejor si la escuchan en voz alta, y otros aprenden tocando, experimentando y haciendo.

  • Para los niños visuales: mapas conceptuales, esquemas y resúmenes con colores.
  • Para los auditivos: grabarse explicando la lección o estudiar en voz alta.
  • Para los kinestésicos: actividades prácticas y juegos educativo

El secreto está en probar diferentes técnicas hasta encontrar la que mejor encaje con tu hijo.

3. Más autonomía, menos peleas

Cuando un niño aprende a estudiar de forma efectiva, no solo mejora sus notas, sino que también gana confianza en sí mismo. Se siente más capaz, más autónomo y menos frustrado. Y eso, como padres, nos da un respiro.

Enseñar a nuestros hijos a gestionar su tiempo y su estudio no significa dejarles solos, sino darles herramientas para que puedan hacerlo por sí mismos.

4. Menos estrés, más seguridad

El estrés académico es real. La presión de los exámenes, la acumulación de tareas y la sensación de no llegar a todo generan ansiedad en muchos niños.

Tener un método de estudio claro reduce esa sensación de agobio. Saber por dónde empezar y cómo organizarse les da seguridad y tranquilidad.

¿Por dónde empezar?

Si sientes que tu hijo necesita ayuda con su estudio, no estás solo. En nuestro centro trabajamos con niños y adolescentes para encontrar las estrategias que mejor se adapten a su estilo de aprendizaje.

Como educadores y psicopedagogos, es nuestra responsabilidad enseñar y promover estas estrategias, empoderando a los estudiantes para que se conviertan en aprendices activos y efectivos a lo largo de su vida.

Porque estudiar no tiene que ser una lucha diaria.

Mariana Bonnesserre, es pedagoga y terapeuta en Red Cenit

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