Recientemente, tuve el placer de participar como ponente en el XXVIII Congreso de Trastornos del Neurodesarrollo celebrado en Valencia.
Allí pude compartir los hallazgos de una investigación que hemos desarrollado desde Red Cenit, la cual ha sido publicada también en la revista de MEDICINA, de Buenos Aires bajo el título «Habilidades sociales en adultos con diagnóstico tardío de TEA y TDAH
En los últimos años, hemos detectado en nuestra clínica un auge de adultos que acuden buscando respuestas a las dificultades que han arrastrado toda su vida. Un porcentaje significativo son mujeres con un perfil de inteligencia promedio-superior.
Estos adultos suelen compensar sus dificultades y adaptarse a su entorno, lo que puede influir en el retraso en el diagnóstico, siendo perfiles de alto enmascaramiento o camuflaje.
El masking ocurre tanto en personas con TEA como TDAH.
Estas conductas de compensación dependen de la capacidad intelectual y de las funciones ejecutivas que permiten supervisar la conducta. Este gasto de energía por adaptarse al entorno es inmenso y suele desembocar en burnout o agotamiento crónico.
Esta creciente búsqueda de diagnóstico de adultos por sospecha de TEA o TDAH con un funcionamiento adaptativo muchas veces adecuado, gestión de la vida laboral, familiar, etc., dificulta la labor del clínico. Este alto enmascaramiento es, precisamente, el responsable del retraso diagnóstico. Llegan a nuestras consultas a los 30, 40 o 50 años de edad, a menudo tras haber sido diagnosticados con ansiedad o depresión.
Existe una gran preocupación por la infradetección del autismo en femenino y por la prevención de los falsos positivos en el diagnóstico de TEA. Independientemente de si se confirma el diagnóstico o no, es necesario validar las dificultades que le han llevado al adulto a pedir ayuda.
No podemos infravalorar los efectos del TDAH en adultos.
Un TDAH no diagnosticado ni tratado no es solo «distracción»; se traduce en desregulación emocional, depresión y ansiedad, cuadros que en muchas ocasiones son los que realmente traen al adulto a la consulta y que, si no se atienden desde el reurodesarrollo, difícilmente remitirán con tratamiento convencional.
El diagnóstico diferencial entre TEA y TDAH es complejo debido al solapamiento clínico. Síntomas como la hipersensibilidad sensorial, los desafíos en la interacción social o la aparente desconexión emocional están presentes en ambos. La clave no es solo observar el comportamiento, sino entender el proceso cognitivo que lo genera.
Por otro lado, no podemos ignorar el fenómeno de la comorbilidad de TDAH y TEA con otros trastornos como TCA, TOC, depresión, ansiedad…. Y también hay que tener en cuenta que TEA y TDAH pueden coexistir.
En la clínica de adultos, el riesgo de falso positivo es elevado debido al solapamiento de síntomas con otras condiciones:
- Trastornos de la Personalidad: Especialmente el Trastorno Límite (TLP), que comparte dificultades en la regulación emocional o el aislamiento social.
- Trauma Complejo (C-PTSD): Las respuestas de hipervigilancia y dificultades en el vínculo pueden parecer rasgos de la comunicación social del TEA.
- Ansiedad Social: Donde la evitación del contacto no es por una diferencia neurobiológica en el procesamiento, sino por miedo al juicio.
- Altas Capacidades (ACI): El desajuste sensorial o los intereses profundos se pueden confundir con el espectro.
Es importante tener en cuenta la necesidad de un análisis funcional de la conducta para entender el «porqué» de cada comportamiento.
Datos de la investigación
El objetivo de la investigación realizada junto a Naiara Minto de Sousa y Luis Abad Mas, fue comprobar si la Escala de Habilidades Sociales (EHS) de Gismero es una herramienta útil para diferenciar los perfiles de TEA y TDAH en adultos.
La muestra estaba compuesta por 77 adultos de edades comprendidas entre 18 y 59 años, diagnosticados de TEA y TDAH en Red Cenit durante el año 2024.
Todos los adultos contaban con un Cociente Intelectual (CIT) superior a 80, obtenido con la Escala Wechsler de Inteligencia para adultos WAIS-IV, garantizando que las diferencias observadas no se debieran a una falta de capacidad intelectual, sino a la forma en que sus cerebros procesan la interacción social, y que no habían recibido tratamiento psicológico de más de dos años, para evitar impacto en HHSS.
Es fundamental destacar que el 20.5% de los adultos con TEA y el 13.1% con TDAH de nuestra muestra presentaban Altas Capacidades (CI > 120).
En la ponencia explicamos que el diagnóstico en adultos no puede basarse en una única prueba. En Red Cenit utilizamos un protocolo neuropsicológico exhaustivo que permite valorar cómo funciona el cerebro del adulto.
En el protocolo de evaluación del TDAH, además de la entrevista diagnóstica DIVA-5, empleamos pruebas de tiempo de reacción (RT-Test) y tests de atención sostenida (CPT) y selectiva (SAT). También evaluamos el área afectiva y Social.
En el protocolo de evaluación del TEA utilizamos el ADOS-2 (Módulo 4) y cuestionarios específicos como el CAT-Q para medir el camuflaje y el SPM-2 para evaluar el procesamiento sensorial y se entrevista a la familia. Es imprescindible realizar un análisis cualitativo de los procesos, del procesamiento cognitivo, sensorial y emocional, lo que se realiza en entrevistas clínicas de manera exhaustiva. Se profundiza en otros diagnósticos que pueden aparecer a lo largo del tratamiento como Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), Depresión (DEP).
Al analizar los resultados de la Escala de Habilidades Sociales (EHS), observamos matices muy específicos que ayudan al clínico a diferenciar ambos trastornos:
- Ambos perfiles de adultos con TEA y con TDAH presentan muchas HHSS en nivel muy bajo y bajo. Es decir, hay mucha afectación en HHSS también en el TDAH. Sin embargo, la puntuación global de HHSS de los adultos autistas se situaba en niveles muy bajos, mientras la puntuación global de los adultos con TDAH era baja.
- Respecto a las HHSS específicas analizadas, la capacidad de expresar enfado (factor Disconformidad) destaca como la dimensión con mayor puntuación tanto en TEA como en TDAH. Sin embargo, su origen puede ser distinto: en el TDAH se vincula a la impulsividad, mientras que en el TEA suele deberse a un pensamiento muy lógico y un sentido de la justicia muy rígido.
Presentar estos detalles en el Congreso de Trastornos del Neurodesarrollo refuerza nuestra convicción de que el diagnóstico en adultos requiere una mirada experta y sensible. La escala EHS se confirma como un apoyo empírico valioso para realizar el diagnóstico diferencial entre el TEA y el TDAH, permitiéndonos validar las dificultades de cada paciente y diseñar intervenciones que realmente mejoren su bienestar emocional y calidad de vida.
Reyes Martínez Borondo, Coordinadora de Psicología Clínica, en Red Cenit Valencia



