Cuando hablamos del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), nos solemos centrar en las dificultades que experimentan las personas diagnosticadas del mismo, como la falta de concentración, la impulsividad y/o la desorganización.
Sin embargo, hablar solo de estos aspectos es un error. Estamos dando una visión incompleta del TDAH.
Cada vez más profesionales y afectados reivindicamos una mirada más equilibrada del trastorno, que también reconozca las fortalezas de las personas con TDAH. Entender el TDAH no solo como un desafío, sino como una forma diferente de procesar el mundo, permite descubrir cualidades valiosas que a menudo pasan desapercibidas.
Una de las características más destacadas de muchas personas con TDAH es la creatividad.
Las personas con TDAH tienden a pensar de forma no lineal, esto es, lo que muchos describen como “ir de una idea a otra”. Esto facilita la generación de más ideas, más originales y de soluciones innovadoras. Este pensamiento divergente es especialmente valioso en ámbitos como el arte, el emprendimiento o la resolución de problemas tanto complejos, como simples en el día a día.
Relacionado con esto, otra de las fortalezas de las personas con TDAH es el llamado “hiperfoco”, una capacidad que puede parecer contradictoria con la dificultad para mantener la atención, pues una persona con TDAH, cuando se interesa profundamente por algo, puede concentrarse durante largos periodos de tiempo con una intensidad excepcional. En estos momentos, la productividad y el nivel de detalle pueden ser muy altos.
El reto en las personas con TDAH no es tanto la falta de atención, si no ser capaces de redirigirla en
tareas monótonas y poco motivadoras para la persona, puesto que en momentos en que no requieran redirigirla, su atención fluctuante también les permite captar múltiples estímulos del entorno, lo que puede traducirse como una mayor capacidad de observación.
Este interés intenso por algunas cosas también se relaciona con la energía y entusiasmo que tienen
muchas personas con TDAH. Es común encontrar a personas diagnosticadas de TDAH que muestran una actitud dinámica, curiosa y abierta hacia el entorno, que tienen iniciativa y son rápidos, dando una respuesta o interactuando con otras personas.
Si lo que normalmente definimos como “impulsividad” se canaliza de manera adaptativa, puede ser muy positivo a la hora de llevar a cabo proyectos e impulsar relaciones.
También destaca la capacidad de adaptación. Vivir con TDAH implica enfrentarse desde temprano a retos cotidianos, antes de incluso conocer el diagnóstico. Esto lleva a desarrollar estrategias propias para gestionar el día a día, y favorece la flexibilidad mental y resiliencia.
En el plano emocional, aunque el TDAH puede implicar dificultades en la regulación, también se asocia con gran intensidad emocional y no solo sienten más intensamente emocionales como la frustración, sino también la alegría, el entusiasmo, etc.
Es importante señalar que estas cualidades no aparecen automáticamente ni compensan por sí solas
las dificultades. El entorno, la educación y el apoyo recibido juegan un papel clave. Cuando una persona con TDAH crece en un contexto que solo señala sus errores, es probable que estas fortalezas queden ocultas bajo la frustración o la baja autoestima. En cambio, cuando se fomenta una comprensión más completa, es más fácil que estas capacidades se desarrollen.
Por eso, el enfoque actual en psicología apuesta por una visión más integradora: no se trata de negar las dificultades del TDAH, sino de equilibrar la narrativa. Reconocer lo positivo no significa romantizar el trastorno, sino entender que también hay potencial.
En definitiva, el TDAH no define a una persona, ni mucho menos lo hace únicamente por sus
limitaciones. También puede estar asociado a creatividad, energía, resiliencia y una forma única de
experimentar el mundo. Cambiar la mirada no solo ayuda a reducir el estigma, sino que permite a muchas personas empezar a verse desde un lugar más justo.
Celia Fernández Jávega , es psicóloga en Red Cenit
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