Cuando un niño recibe un diagnóstico de TDAH, es habitual que la familia tenga muchas preguntas.

¿Cómo podemos ayudarle? ¿Qué tipo de profesional necesita? ¿En qué consistirá el tratamiento? ¿Podrá mejorar su atención y organizarse mejor?

El TDAH no se manifiesta de la misma manera en todos los niños. Algunos tienen muchas dificultades para mantener la atención; otros son especialmente impulsivos, olvidan constantemente sus cosas, no saben por dónde empezar una tarea o necesitan supervisión continua para terminarla.

Por eso, el tratamiento no debería ser igual para todos.

La neuropsicología infantil permite conocer cómo funciona cada niño, identificar sus fortalezas y dificultades y diseñar una intervención adaptada a las necesidades que presenta en su vida diaria.

¿Qué es la neuropsicología infantil?

La neuropsicología estudia la relación entre el funcionamiento del cerebro, los procesos cognitivos, las emociones y la conducta.

En el caso de los niños con TDAH, no se ocupa únicamente de entrenar la atención. También puede trabajar habilidades relacionadas con la memoria, la planificación, el control de los impulsos, la organización, la flexibilidad cognitiva o la gestión del tiempo.

El objetivo no es que el niño haga correctamente una serie de ejercicios durante la sesión, sino ayudarle a desarrollar estrategias que pueda utilizar en el colegio, en casa y en sus relaciones con los demás.

La evidencia disponible indica que el entrenamiento cognitivo puede producir mejoras en determinadas habilidades, especialmente en aquellas que se trabajan de manera directa. Sin embargo, su efecto debe valorarse dentro de un tratamiento individualizado y coordinado con otras intervenciones cuando sean necesarias.

¿Qué hace un neuropsicólogo con un niño que tiene TDAH?

La intervención suele comenzar con una evaluación neuropsicológica.

Esta evaluación permite conocer cómo funciona el niño en diferentes áreas: atención, memoria, lenguaje, velocidad de procesamiento, funciones ejecutivas, aprendizaje y regulación de la conducta, entre otras.

También se tienen en cuenta las dificultades que aparecen en su entorno. No basta con saber qué puntuación obtiene en una prueba. Es importante conocer qué ocurre cuando tiene que hacer los deberes, preparar la mochila, estudiar un examen, seguir instrucciones o controlar una reacción impulsiva.

A partir de toda esta información, se establecen objetivos concretos y se diseña un programa de intervención personalizado.

Por ejemplo, un niño puede necesitar trabajar principalmente la memoria de trabajo y la organización, mientras que otro puede requerir un entrenamiento más centrado en el control inhibitorio, la planificación o la autorregulación.

¿Qué aspectos se trabajan en la intervención neuropsicológica?

Cada programa es diferente, pero estas son algunas de las áreas que se trabajan con mayor frecuencia.

Atención

Se realizan actividades para entrenar la capacidad de mantener la concentración, seleccionar la información importante, cambiar el foco de atención cuando la tarea lo requiere y reducir la interferencia provocada por estímulos irrelevantes.

También se enseñan estrategias para dividir las tareas largas, introducir descansos, preparar el espacio de trabajo o detectar cuándo la atención empieza a disminuir.

Memoria de trabajo

La memoria de trabajo permite mantener y utilizar información durante un periodo breve.

La necesitamos, por ejemplo, para recordar una instrucción mientras la estamos realizando, seguir varios pasos, resolver un problema matemático o comprender lo que acabamos de leer.

Un niño con dificultades en esta área puede escuchar una instrucción de tres pasos y recordar únicamente el primero o el último.

Funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas ayudan a dirigir la conducta hacia un objetivo. Intervienen cuando tenemos que planificar, organizarnos, comenzar una tarea, controlar un impulso, revisar lo que estamos haciendo o cambiar de estrategia cuando algo no funciona.

En las sesiones se pueden trabajar habilidades como:

  • La planificación y la organización.
  • El control de los impulsos.
  • La flexibilidad cognitiva.
  • La gestión del tiempo.
  • La resolución de problemas.
  • La supervisión de errores.
  • La capacidad para iniciar y terminar tareas.

Velocidad de procesamiento

Algunos niños necesitan más tiempo para comprender una instrucción, responder o completar una actividad.

Cuando la evaluación muestra dificultades en esta área, se pueden adaptar las tareas y enseñar estrategias para que el niño procese la información con mayor eficacia, sin confundir la lentitud con falta de conocimientos, interés o esfuerzo.

Autorregulación

Pararse antes de actuar, tolerar una espera, gestionar la frustración o volver a una tarea después de cometer un error también requiere entrenamiento.

El niño puede aprender autoinstrucciones como “paro, pienso y actúo”, técnicas de resolución de problemas o estrategias para reconocer cuándo se está poniendo nervioso y necesita regularse.

¿Cómo son las sesiones de neuropsicología infantil?

Las sesiones se adaptan a la edad, las características y los intereses del niño.

Pueden combinar ejercicios de lápiz y papel, juegos de mesa, actividades manipulativas, situaciones de resolución de problemas, herramientas digitales y tareas relacionadas con situaciones reales.

El juego no se utiliza únicamente para entretener. Una actividad aparentemente sencilla puede estar trabajando la atención sostenida, la planificación, la memoria de trabajo, el respeto de turnos o el control de la impulsividad.

Además, las tareas suelen ajustarse progresivamente. Deben plantear un reto, pero no ser tan difíciles que provoquen frustración o rechazo.

¿Cómo se trasladan los avances a la vida diaria?

Uno de los mayores retos de la intervención es conseguir que lo aprendido no se quede dentro de la consulta.

Un niño puede mejorar en un ejercicio de memoria y continuar olvidándose de llevar el cuaderno al colegio. Por eso, la intervención debe conectar las habilidades cognitivas con problemas concretos de su día a día.

Por ejemplo:

  • Si olvida el material escolar, puede aprender a utilizar una lista visual para revisar la mochila.
  • Si no recuerda los deberes, puede incorporar una agenda, una alarma o una rutina de revisión al llegar a casa.
  • Si se bloquea ante una tarea larga, puede aprender a dividirla en pasos pequeños.
  • Si responde de manera impulsiva, puede entrenar una pauta para detenerse antes de actuar.
  • Si pierde constantemente objetos, puede establecer lugares fijos para guardar cada cosa.

Estos cambios pueden parecer pequeños, pero mantenidos en el tiempo pueden favorecer su autonomía, reducir los conflictos familiares y ayudarle a desenvolverse con mayor seguridad.

La familia también forma parte del tratamiento

La colaboración de la familia es fundamental para trasladar las estrategias a la vida cotidiana.

Durante el proceso, los profesionales pueden orientar a los padres sobre cómo dar instrucciones más claras, establecer rutinas, anticipar cambios, reforzar los avances o adaptar determinadas situaciones.

Por ejemplo, suele resultar más eficaz decir “guarda el cuaderno y mete el estuche en la mochila” que dar cinco instrucciones seguidas desde otra habitación y esperar que el niño las recuerde todas. Los seres humanos adultos tampoco brillamos especialmente cuando nos lanzan una cadena de órdenes, aunque luego finjamos sorpresa con los niños.

La orientación familiar y las intervenciones conductuales forman parte de los tratamientos recomendados para el TDAH, especialmente en los niños más pequeños.

También puede ser importante mantener una coordinación con el colegio para que las pautas sean coherentes y el niño reciba apoyos similares en los diferentes entornos.

¿Todos los niños con TDAH necesitan intervención neuropsicológica?

No necesariamente.

El TDAH puede presentar perfiles muy diferentes y el tratamiento debe decidirse después de una valoración completa. Algunos niños pueden beneficiarse especialmente de una intervención neuropsicológica, mientras que otros necesitarán combinarla con orientación familiar, apoyo psicopedagógico, intervención psicológica, adaptaciones escolares o tratamiento farmacológico supervisado por un profesional médico.

La neuropsicología no sustituye automáticamente a otros tratamientos ni debe plantearse como una solución aislada. El abordaje del TDAH debe adaptarse a la edad, las dificultades, el grado de afectación y las necesidades de cada niño y su familia. Las principales guías clínicas recomiendan un enfoque individualizado, que puede combinar medidas familiares, escolares, conductuales y médicas.

¿Cuánto tarda un niño en mejorar?

No existe un número concreto de sesiones válido para todos los niños.

La evolución depende de factores como la edad, las dificultades iniciales, los objetivos establecidos, la regularidad de las sesiones y la aplicación de las estrategias fuera de la consulta.

Por ello, es importante revisar periódicamente los objetivos y valorar si las habilidades trabajadas están produciendo cambios funcionales en el día a día.

La mejora no consiste únicamente en obtener mejores resultados en una prueba. También puede observarse cuando el niño necesita menos recordatorios, prepara sus cosas con mayor autonomía, empieza una tarea sin tanta supervisión o aprende a detenerse antes de actuar impulsivamente.

Un tratamiento adaptado a cada niño

La neuropsicología infantil puede ayudar a los niños con TDAH a comprender mejor cómo funcionan, descubrir estrategias que les resulten útiles y desarrollar una mayor autonomía.

Una intervención bien planteada no busca cambiar la personalidad del niño ni conseguir que permanezca quieto y concentrado durante horas. Busca proporcionarle herramientas para afrontar con mayor seguridad los retos escolares, familiares, sociales y emocionales de su vida diaria.

En Red Cenit contamos con profesionales especializados en la evaluación y la intervención de niños con TDAH en Valencia. Cada tratamiento se diseña a partir de las necesidades del menor y se desarrolla en colaboración con la familia y, cuando resulta necesario, con el centro educativo y otros profesionales.

Si observas que tu hijo tiene dificultades importantes para organizarse, mantener la atención, controlar sus impulsos o desenvolverse con autonomía, una valoración profesional puede ayudaros a comprender qué está ocurriendo y qué apoyos necesita.

Este artículo tiene una finalidad informativa y no sustituye una valoración individual realizada por profesionales especializados.

Alba Martínez Pérez, es psicóloga y terapeuta en Red Cenit

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