Es habitual que muchos padres escuchen de sus hijos frases como «no soy capaz», «seguro que me sale mal» o «los demás lo hacen mejor que yo» y se pregunten si forman parte del desarrollo normal o si pueden estar indicando un problema de autoestima.
La autoestima no consiste simplemente en que un niño piense cosas positivas sobre sí mismo. Hace referencia a la valoración que realiza de quién es, de lo que cree que puede conseguir y del lugar que siente que ocupa dentro de su entorno.
Durante la infancia y la adolescencia, esta percepción todavía se está construyendo. Por eso, las experiencias cotidianas, las relaciones familiares, el colegio o la comparación con otras personas pueden influir de manera muy significativa en cómo un niño aprende a verse a sí mismo.
¿Qué es la autoestima?
La autoestima es la valoración global que una persona hace de sí misma. No depende únicamente de las habilidades o de los logros que consiga, sino también de cómo interpreta sus éxitos, sus errores y la imagen que cree que los demás tienen de ella.
Un niño puede obtener buenas notas, destacar en un deporte o tener muchos amigos y, aun así, sentir que nunca es suficiente. Del mismo modo, otro niño con dificultades académicas puede mantener una autoestima saludable si percibe que es querido, aceptado y capaz de afrontar los retos de su día a día. Por ello, la autoestima no debe confundirse con la confianza en una habilidad concreta ni con el rendimiento escolar.
Pero ¿cómo podemos saber si nuestro hijo tiene realmente una baja autoestima?
Señales de que un niño puede tener baja autoestima
Algunas señales que pueden hacernos pensar que existe una autoestima deteriorada son:
- Verbaliza con frecuencia que no sirve para nada o que todo le sale mal.
- Evita intentar actividades nuevas por miedo a equivocarse.
- Tolera muy mal los errores o las críticas.
- Busca constantemente la aprobación de los demás.
- Se compara de forma continua con otros niños.
- Se frustra con facilidad cuando algo no sale como esperaba.
- Tiende a minimizar sus logros y exagerar sus errores.
- Abandona rápidamente cuando una tarea requiere esfuerzo.
Cabe destacar que la presencia aislada de alguna de estas conductas no implica necesariamente que exista un problema. Lo importante es valorar su funcionalidad, frecuencia, intensidad e impacto que tienen en su vida cotidiana.
¿Por qué algunos niños desarrollan una baja autoestima?
La autoestima se construye a partir de múltiples experiencias que el niño vive a lo largo de su desarrollo. Entre los factores que pueden influir, se encuentran las comparaciones constantes, las críticas excesivas, el acoso escolar, las dificultades de aprendizaje, las experiencias repetidas de fracaso, unas expectativas demasiado elevadas o determinadas dificultades emocionales como la ansiedad o la depresión.
También influyen aspectos individuales, como el temperamento o la tendencia a ser muy autoexigente. En la mayoría de los casos, la autoestima no depende de un único acontecimiento, sino de la acumulación de pequeñas experiencias que el niño va interpretando sobre sí mismo.
¿Qué pueden hacer los padres para favorecer una autoestima saludable?
La autoestima no se construye diciendo continuamente al niño que es el mejor. Se construye ayudándole a desarrollar una imagen realista, flexible y compasiva de sí mismo.
Algunas estrategias que pueden favorecer este proceso son:
- Valorar el esfuerzo además del resultado.
- Permitir que se equivoque sin dramatizar los errores.
- Evitar comparaciones con hermanos, compañeros u otros niños.
- Ofrecer críticas centradas en la conducta y no en la persona.
- Favorecer experiencias en las que pueda sentirse competente.
- Escuchar sus emociones sin invalidarlas.
- Reforzar sus avances, incluso cuando sean pequeños.
El objetivo no es evitar que el niño se sienta frustrado, sino ayudarle a aprender que cometer errores forma parte del aprendizaje y no determina su valor como persona.
¿Qué frases pueden dañar la autoestima?
Las palabras que utilizamos los adultos tienen un enorme impacto en la forma en que los niños construyen la imagen que tienen de sí mismos. Aunque muchas veces se dicen con buena intención, algunas frases pueden terminar debilitando su autoestima. Frases como: «Tu hermano lo hace mejor» «Si quisieras, podrías hacerlo» «Qué torpe eres» pueden convertirse con el tiempo en mensajes que el niño incorpora como parte de su propia identidad.
¿Cuándo conviene consultar con un profesional?
Es recomendable solicitar una valoración cuando la baja autoestima comienza a afectar al bienestar del niño o interfiere en su funcionamiento diario. Por ejemplo, cuando evita de forma constante situaciones nuevas, aparecen síntomas importantes de ansiedad, tristeza o aislamiento, disminuye significativamente su rendimiento o las dificultades se mantienen durante un periodo prolongado.
En estos casos, una evaluación psicológica permite comprender qué factores están contribuyendo al problema y diseñar una intervención adaptada a las necesidades del menor.
Una autoestima sana no consiste en sentirse perfecto
Todos los niños experimentan momentos de inseguridad. El objetivo no es que nunca duden de sí mismos, sino que aprendan que los errores forman parte del aprendizaje, que sus dificultades no determinan su valor como personas y que pedir ayuda también es una muestra de fortaleza.
En Red Cenit, trabajamos la autoestima desde una evaluación individualizada, ayudando a cada persona a desarrollar una imagen más ajustada de sí mismo y proporcionándole estrategias para afrontar los retos de su día a día con mayor seguridad y confianza.
Gonzalo Belda es psicólogo clínico en Red Cenit



