En el ámbito escolar es fundamental tener una visión más amplia sobre las diferentes formas de aprender, y más teniendo en cuenta que uno de cada cinco alumnos presenta dificultades.
En muchos casos tales dificultades no se deben a falta de capacidad o de esfuerzo, sino simplemente a una forma diferente de procesar la información. Y me refiero a perfiles de alumnos neurodivergentes como el TDAH, la dislexia, la discalculia o la disortografía.
Estas condiciones forman parte de lo que hoy entendemos como neurodiversidad. Y ¿esto que significa?
Pues que no existe una única manera “correcta” de aprender, pensar o comprender, sino múltiples formas de funcionamiento neurocognitivo. Estos alumnos no aprenden mejor ni peor, lo hacen de forma diferente.
El problema está en que el sistema educativo actual es rígido y no se adapta a estas diferencias, provocando desmotivación, bajo autoconcepto y sensación de fracaso.
Muchos de estos alumnos neurodivergentes acaban creyendo que “no valen”, cuando en realidad lo que ocurre es que no se les está enseñando de la manera que ellos necesitan. Por eso es importante por un lado, ayudarles a explotar e identificar sus fortalezas:
- Rapidez mental en determinados contextos.
- Pensamiento más flexible .
- Alta energía para emprender tareas y dinamismo.
- Capacidad para encontrar soluciones no convencionales.
Y por otro, evitar poner el foco únicamente en las dificultades y aceptar que:
- No todos los cerebros procesan la información del mismo modo.
- No todos los alumnos necesitan las mismas estrategias.
- La diversidad cognitiva es una riqueza y no un problema.
El objetivo creo que está claro, que ningún alumno, ningún talento, se pierda o se quede atrás. Los tres pilares fundamentales a tener en cuenta son:
- Evaluar y comprender el perfil del alumno, adaptar la enseñanza y estrategias de aprendizaje según sus necesidades y valorar positivamente su esfuerzo.
Estrategias para alumnos diagnosticados con TDAH y dislexia
Alumnado con TDAH
- Instrucciones claras, breves y secuenciadas
- Uso de apoyos visuales (esquemas, pasos, checklists)
- División de tareas en partes pequeñas
- Tiempos de trabajo cortos con pausas planificadas
- Supervisión cercana y feedback frecuente
- Ubicación en el aula con pocos distractores
Alumnado con dislexia
- Adaptación de textos (tipografía clara, tamaño adecuado, menor densidad)
- Apoyo visual y auditivo (lectura en voz alta, uso de audio-textos)
- Más tiempo en tareas y evaluaciones
- Evaluación flexible (priorizar contenido frente a forma)
- Trabajo específico en comprensión lectora
- Uso de herramientas tecnológicas de apoyo
La intervención educativa no debe centrarse únicamente en evitar el fracaso escolar, sino en algo más ambicioso: garantizar que cada alumno neurodivergente pueda desarrollar su potencial. Porque cuando un alumno recibe las estrategias adecuadas y el apoyo necesario, no solo mejora su rendimiento, sino también su autoestima, su motivación y su relación con el aprendizaje
Amparo Ibáñez Orrico, es pedagoga en Red Cenit



