En la actualidad, uno de los enfoques que está en auge en lo referente a la forma de educar es la llamada disciplina positiva. Hoy nos gustaría hablar un poco sobre ello con algunos ejemplos que podemos llevar a cabo en el día a día.

La disciplina positiva es una metodología que tiene sus orígenes en los años veinte en las ideas de Adler, Psiquiatra infantil, junto con Dreikurs. Décadas después, en 1980, estas teorías educativas encuentran un nuevo impulso gracias a la labor de Jane Nelsen y Lynn Lott que escriben un manual sobre educación para padres titulado “Positive Discipline”.

Se trata de un modelo educativo que apuesta por entender el comportamiento de los niñ@s  y la forma de abordar sus actitudes para guiarles en su camino de forma positiva y afectiva desde la firmeza y el respeto tanto para el adulto como para el niñ@.

Los pilares fundamentales del modelo son: la comunicación, el amor, el entendimiento y la empatía para disfrutar de las relaciones familiares. Se otorgan unas herramientas a los familiares para poder entender los comportamientos adecuados e inadecuados de sus hij@s y poder reconducirlos con respeto, sin luchas de poder y de forma positiva. Es un enfoque que no incluye el control excesivo ni la permisividad. Se basa principalmente en el RESPETO MUTUO y la COLABORACIÓN, con la intención de enseñar al niñ@ competencias básicas para la vida diaria.

La disciplina positiva establece reglas y límites para el niñ@,  contando siempre con su participación, fomentando su autonomía y eliminando los castigos tradicionales.

Entonces, ¿Cómo podemos educar en positivo?

Los niños, sobre todo de corta edad, no saben las consecuencias negativas que tienen sus errores e incluso muchas veces reímos e incluso fomentamos sus travesuras, sin ser consecuentes de lo que puede ser en un futuro; por ello somos los adultos que les rodeamos quienes tenemos que orientar a los pequeños a realizar las cosas de la manera correcta. Tanto los padres como los educadores, deben no solo ser un ejemplo para ellos, sino que tienen que guiarles por el camino correcto elogiando cada logro que consigan.

Además, si los niñ@s, son tomados en cuenta para fijar límites se muestran más dispuestos y colaboradores y se comprometen consigo mismos, lo que hace que comiencen a valorar sus decisiones y por supuesto saber que sus actos tienen consecuencias, que ya estaban delimitadas anteriormente por un pacto en común.

Esto es algo que debemos trabajar desde que son muy pequeños. Cuando ellos ven que valoramos positivamente sus acciones, comprenden que estas son buenas y deben hacerlas. Así entonces, habrán aprendido que es el camino a seguir y su compromiso consigo mismos.

Para poder aplicar la disciplina positiva, hemos preparado algunos consejos a tener en cuenta para fijar límites y normas y hacer que las cumplan desde el diálogo y la comunicación con dos ingredientes fundamentales: EL AMOR Y EL RESPETO.

  • DAR EJEMPLO: Los padres son el mayor ejemplo para sus hij@s; si les mostramos que llevamos a cabo lo que decimos, lo aprenderán; por ejemplo: “Jugaremos juntos un rato y después terminaré mi trabajo con el ordenador”; de esta forma cuando ambos hayáis disfrutado de jugar juntos después, puede darse cuenta que hay que cumplir con las obligaciones, es decir, tocará realizar los trabajos del colegio. Cuando se cumplan, será importante anunciarlo, para que se den cuenta que han cumplido sus compromisos.
  • SER FIRME EN EL MOMENTO DE FIJAR LÍMITES: se les hará sentir importantes y que hayan participado en fijar los límites; pero no han de pasarse por alto y recordarles en cada momento; ¿ recuerdas el tiempo que se habíamos acordado juntos para estar con la Tablet?
  • QUE SEPAN QUE TE PONES EN SU LUGAR: cuando hablamos con ellos; que sepan que también te pones en su piel. Además, así será más fácil escucharles. Les queremos proponer que si recogen su cuarto y ordenan los juguetes, podrán ver su película favorita; y resulta que acaban de llegar del colegio y piden merendar y descansar 15 minutos antes de ponerse a recoger y que realizarán sus deberes; así podremos llegar a una negociación y ellos están siendo participativos y responsables de hacer sus tareas.
  • ENFOCAR LO POSITIVO DE TUS HIJ@S: Debemos reconocer la acción que ha hecho de forma correcta, es decir, hacerle elogios por sus acciones no por su persona; “recogiste muy bien la mesa y ordenaste la habitación, enhorabuena”, no decir “eres un niño muy bueno y muy ordenado”. Es importante tenerlo en cuenta, porque las acciones de los niños no son constantemente buenas ni malas y es importante que recuerde el momento exacto en el que lo hizo bien y cuándo no lo hizo de forma adecuada.
  • HACERLES PENSAR: mediante el diálogo, podemos preguntarle sobre algo que ellos ven bueno o no tan bueno para ellos mismos con la pregunta ¿por qué piensas que esto es bueno para ti?, así les invitamos a reflexionar sobre sus pensamientos y a actuar de acuerdo con ellos.
  • DIALOGAR CON LOS HIJ@S: cuando el niño no cumple la regla fijada que se había propuesto para corregir una mal acción podemos preguntarle: “¿recuerdas nuestro acuerdo? ¿cuál era? ¿entonces, que pasó con lo que acordamos? ¿qué solución planteas para ello? Es muy importante hacerle sentir al niño que debe hacerse cargo de su comportamiento. Así se le da responsabilidad sobre sus actos.
  • SEÑALAR SUS ACTOS, NO A SU PERSONA: al igual que hemos comentado anteriormente de enfocarnos en las acciones positivas, no debemos generalizar sus comportamientos cuando algo que hace está mal o ha tenido un comportamiento inadecuado en un momento; Por ejemplo” eres un niño desobediente, eres un niño malo”. Debemos tener cuidado con estas frase ya que pueden llegar a hacer que se comporte de esta forma y se identifique con ello, así podemos decir: “no te comportaste bien con tu madre cuando has tirado las zapatillas, seguro que si te disculpas con ella os sentiréis mucho mejor”.

Cabe mencionar que, el establecimiento de reglas y límites, para que puedan ser más efectivos, podemos plantearlos de forma escrita acompañados de dibujos, o sólo dibujos (según la edad), para poder recurrir a ello cuando sea necesario, porque a veces las palabras “se las lleva el viento”; y si queda constancia de estos acuerdos de forma visual parece que perpetúan en el tiempo, aunque los acuerdos sean dinámicos y puedan variar a lo largo del tiempo.

OS DEJAMOS UN DESCARGABLE MUY INTERESANTE PARA LA EDUCACIÓN EN POSITIVO

Son muchos los beneficios de la educación en positivo. El más importante es que los niños se sientan valorados por los logros y el esfuerzo que hacen para conseguir estos.

Si centramos nuestra atención sólo en las acciones y hechos negativos del comportamiento de los niños, estaremos haciendo un refuerzo negativo, lo cual no consigue sacar al niño de su error.

Tenemos que tener en cuenta la edad de los niñ@s, ya que sus comportamientos variarán si están en una etapa infantil o en la adolescencia, entonces la disciplina positiva es algo que debemos aprovechar y potenciar desde que vemos las primeras señales que nos indican que nuestro hij@ es capaz de realizar determinadas acciones.

Elogiar las habilidades positivas del niño y celebrar con el todo el esfuerzo que hace para lograrlas es fundamental, porque ellos verán en nosotros que nos importa lo que hacen y que lo valoramos positivamente.

Debemos tener claro que el castigo no es el método ideal para enseñar cuál es la conducta correcta, sino que para enseñarles cómo deben comportarse debemos ser ejemplo de ese comportamiento y reforzar positivamente que lo hagan.

“Lo importante no es ganar a los niños sino ganárselos, para ello el adulto debe invertir tiempo en motivar y enseñar competencias esenciales para la vida” (Dreikurs)

Vanessa Civera, pedagoga y terapeuta en RED CENIT