En Red Cenit nos gusta trabajar desde muchas perspectivas para poder fomentar la autoconfianza,  y que de esta forma, los niños y niñas puedan desarrollar su personalidad de una manera sana fomentando la empatía, el respeto, la seguridad en si mismos, ayudándolos a aceptar sus propios sentimientos y los de los demás.

 

En este periodo tan importante, después de las vacaciones se plantea un año  o  curso nuevo con grandes retos tanto  para los adultos y para los peques; me gustaría, hablaros sobre el desarrollo de las emociones y  su importancia en el día a día; y lo que es más interesante, cómo podemos trabajarlas con los más peques y que nos sirvan también a los adultos.

Podemos decir que las emociones son propias de todo ser humano; es decir todos y cada uno de nosotros tenemos emociones y nos influyen enormemente en nuestra manera de actuar, sentir y pensar.  Las emociones siempre están causadas por algo que hace que nos sintamos de una manera y hace que nos comportemos de una forma u otra. Para aclararnos podríamos pensar: se nos acaban las vacaciones; nos produce tristeza, porque hasta el año que viene no podemos disfrutar de ello; nos sentimos tristes y tenemos ganas de llorar; con lo que lo expresamos desde el llanto. Pero, dependiendo de la persona, una misma causa puede producir emociones diferentes. Las emociones nos identifican y por ello es de suma importancia poder comprender nuestras emociones y la de los demás.

Por ello, las emociones nos ayudan a relacionarnos con los demás, porque nos permiten dar a conocer como nos sentimos y al mismo tiempo comprender como se siente el otro.

Desde muy pequeños, aprendemos a expresar emociones, y se nos  enseñan a que determinadas emociones no está bien expresarlas, es decir, mostramos la emoción positiva porque nos da vergüenza mostrarnos vulnerables o con rabia, entonces nos reprimimos porque pensamos que hacemos algo malo; y nos sentimos mal porque, esa emoción no desaparece, solo se oculta y eso quiere decir que se quedan dentro pudiendo dar lugar a posibles trastornos y finalmente a una expresión inadecuada e incluso exagerada de estas emociones.

Por todo esto, es fundamental que desde una edad temprana aprendamos a expresar las emociones, aprendiendo que es lo que nos hace daño a nosotros y a los demás. Es importante saber expresar las emociones sin dañar a los demás, y de forma constructiva, contribuyendo a nuestro bienestar y el de las personas con las que compartimos nuestro día a día.

Después de esto, voy a exponer algunas formas en las que podemos enseñar a los niños y niñas a expresar sus emociones de forma sana, al igual que con nosotros mismos; porque,  uno debe saber manejar sus emociones para poder entender a los demás.

En primer lugar, hay que dar confianza y tiempo para que expresen sus emociones y no censurarles, ni burlarse; no debemos reírnos si alguien llora o reñirles cuando se muestran enfadados.

Enseñémosles a identificar cada emoción,  cuando el niño o la niña se muestre enfadado es sumamente importante hablar con él/ ella, preguntarle cómo se siente físicamente, qué le pasa por su cabeza y que sea por él mismo o ella misma que llegue a identificar su emoción y su causa. Además, nosotros de forma natural le podemos explicar lo que nos pasa de forma que ellos puedan identificarlo posteriormente en ello: “estoy triste porque…”, “me he enfadado porque… y siento rabia…”; podemos usar cuentos e incluso dibujos de situaciones de la vida cotidiana que nos ocurren hechos por nosotros mismos dónde existan diferentes alternativas que producen emociones y sentimientos para que puedan verse identificados y no las repriman.

Les haremos ver que es normal sentir emociones negativas; que es normal, que no es malo. Tenemos que ser conscientes de cuando lo hagamos lo mostremos de forma respetuosa; es decir si nos mostramos enfadados con alguien, lo expresaremos con palabras y sobre todo con respeto hacia la otra persona y dando una razón con argumentos claros.

También, podemos proponerles algunas actividades que les permitan  expresar emociones; como es el poder practicar algún deporte, dibujar como se sienten; en definitiva tener un ratito para ellos/as mismos y ser conscientes de cómo se sienten y  porque, de esta forma se trabaja la educación emocional. Es interesante enseñarles un vocabulario amplio acerca de las emociones desde una edad temprana; saber expresar de forma correcta lo que sentimos, sin ofender a los demás; como “Yo me he sentido…. A mí me molesta…”, es decir hablar de uno en primera persona.

Por último, es importante explicarles que cuando algo no nos sienta bien; deberíamos expresarlo desde el respeto, podemos equivocarnos y no pasa nada, aunque la equivocación también es una victoria; ya que el que no se equivoca es porque no lo ha intentado.  El darse cuenta que uno se ha equivocado también lleva a saber pedir perdón y aprender de los errores, de esta forma,  expresarlo nos servirá para creer más en nosotros mismos.

 

“Cada uno de nosotros es su propio clima, determina el color del cielo dentro del UNIVERSO EMOCIONAL en el que habita”. (Fulton John Sheen).

Vanessa Civera, Pedagoga y terapeuta en Red Cenit