Cuando se habla de adherencia a un tratamiento psicológico, se suele pensar únicamente en asistir regularmente a las sesiones y seguir las recomendaciones o realizar las tareas propuestas por el terapeuta.
Sin embargo, la adherencia también implica que la persona mantenga una participación activa en su proceso de cambio, teniendo en cuenta sus expectativas, circunstancias y recursos.
Por eso, cuando una persona deja de acudir a terapia, puede estar reflejando una dificultad dentro de ese proceso de cambio que merece ser explorada.
Saber qué hacer no siempre es suficiente
Una de las ideas que puede dificultar la adherencia a un tratamiento es pensar que “conocer es suficiente”. Creemos que, como sabemos qué debemos hacer, podremos cambiar cuando queramos.
Sabemos que dormir bien, hacer ejercicio o acudir a terapia es importante. Sin embargo, buscamos excusas, lo posponemos o nos cuesta convertir ese conocimiento en un hábito.
Conocer determinadas técnicas sirve de poco si no se ponen en práctica. Y, para conseguirlo, muchas veces es necesaria una ayuda externa que facilite su aprendizaje y su incorporación a la vida diaria.
Los procesos de cambio están influidos por la motivación, las emociones, los hábitos, las expectativas, el contexto y las experiencias previas. A esto se añaden factores externos que pueden dificultar la adaptación de la persona al tratamiento.
¿Por qué una persona puede abandonar la terapia?
Los motivos por los que alguien deja de acudir a terapia pueden ser muy diferentes.
Una persona puede hacerlo porque considera que ya ha conseguido los objetivos que se había planteado. Otra puede tomar esta decisión porque no está percibiendo cambios. También puede existir una discrepancia entre lo que esperaba encontrar en terapia y lo que realmente está experimentando.
En otros casos, aparecen circunstancias externas que dificultan la continuidad: problemas económicos, falta de tiempo, cambios personales o dificultades para mantener la regularidad de las sesiones.
Por tanto, es importante que los especialistas trabajen adecuadamente este aspecto. El paciente debe conocer la diferencia entre una finalización acordada del tratamiento y un abandono prematuro o inesperado.
Una mejoría inicial no implica necesariamente que el tratamiento haya finalizado.
La importancia del vínculo terapéutico
Para favorecer la continuidad del tratamiento, la alianza terapéutica es un factor determinante.
Este concepto hace referencia a la relación que se establece entre el paciente y el profesional: el vínculo entre ambos, el acuerdo sobre los objetivos y la percepción del trabajo que se está realizando durante las sesiones.
Es importante que el profesional pueda revisar junto al paciente cómo está evolucionando el proceso y qué dificultades pueden estar interfiriendo en él.
Establecer objetivos claros, revisar las expectativas y adaptar las tareas o el ritmo de trabajo son algunos de los aspectos que pueden favorecer la continuidad.
Una buena alianza terapéutica disminuye significativamente las posibilidades de que se produzca un abandono prematuro.
Dejar la terapia no siempre significa que algo haya salido mal
La palabra “abandono” puede hacernos pensar inmediatamente que algo ha salido mal. Sin embargo, en muchas ocasiones, la persona deja el tratamiento porque percibe que no puede alcanzar aquello que necesitaba o porque no ha encontrado en la terapia lo que esperaba.
Por eso es fundamental fortalecer la alianza terapéutica desde el primer momento, revisar los objetivos a medida que el proceso avanza y ofrecer un espacio en el que el paciente pueda expresar sus dudas, expectativas o malestar con el propio tratamiento.
Estas son algunas de las claves más sólidas para reducir el abandono prematuro.
Al final, hablar de adherencia no es hablar únicamente de constancia. Es hablar de construir, entre paciente y terapeuta, un proceso que ambos puedan sostener.
Diego Martínez es psicólogo clínico en Red Cenit



