La baja tolerancia a la frustración tiene lugar cuando un niño o niña muestra sentimientos como enfado, rabia, tristeza o abandono ante pequeñas adversidades, que desembocan en una incapacidad para dar respuesta a la dificultad encontrada de una forma adecuada. Aprender a tolerar la frustración desde pequeños aumenta la adaptabilidad de los niños y niñas a las diversas situaciones adveras que se encontrarán en la vida.

 

La frustración es una vivencia emocional que aparece cuando un deseo, una ilusión o un objetivo no se consiguen satisfacer. Así pues se experimentan emociones de enfado, tristeza, ansiedad, etc.  Aunque en algunos tiempos se ha defendido la evitación de situaciones que puedan provocar frustraciones en niños, con estas actuaciones se priva a los pequeños de un aprendizaje muy importante: aprender a retrasar la gratificación tolerando la frustración.

Evitar situaciones de insatisfacción, (cumplir todos los deseos, ilusiones, etc.), implica acostumbrar al niño a conseguir todo aquello que se pretende y no tendrá el entrenamiento necesario de la frustración, provocando reacciones desmesuradas y poco control ante experiencias frustrantes.

Todas las personas vivimos experiencias frustrantes a diario, ya que encontramos dificultades que se nos presentan para conseguir una meta.  Por tanto, es importante educar nuestra actitud hacia ella para poder adaptarnos y así superar las dificultades.

Cómo actuar ante la baja tolerancia a las frustraciones:

  • Presentar un buen modelo en casa. Los niños aprenden e imitan lo que ven en casa, por tanto tenemos que ser un modelo en el comportamiento. Podemos verbalizar las reacciones ante situaciones adversas, de modo que el niño observe cómo poder reaccionar ante una dificultad y además obtenga un modelo de verbalización, que posteriormente pueda aplicar.
  • Reforzar a los niños cuando se acercan a tolerar la frustración. Es importante elogiarlo cuando retarde su respuesta habitual de ira ante la frustración, y cuando utilice una estrategia adecuada. Por el contrario, podemos ignorar cuando aparezcan comportamientos de baja tolerancia a la frustración. Reforzar las acciones apropiadas del niño.
  • Educar en la cultura del esfuerzo. Es importante enseñar al niño que es necesario esforzarse. Así aprenderá que el esfuerzo es, en muchas ocasiones, el mejor camino para resolver algunos fracasos.
  • Enséñale a aceptar las críticas de los demás. Explícale que las críticas nos ayudan a mejorar. Por ejemplo, podemos contar la historia del patito feo, remarcando la posibilidad de convertirnos en cisne que todos tenemos.
  • Pon reglas y mantén tu autoridad. Los niños necesitan límites claros, firmes y coherentes por parte del padre y de la madre. Para afianzar su personalidad necesita saber qué se espera de él en cada momento.

Es importante que las expresiones de frustración del niño, (gritos, llantos, insultos, romper cosas, …), no cambien las decisiones iniciales.

  1. Evitar la sobreprotección. Dejar que el niño experimente y que se equivoque, que aprenda a solucionar pequeños problemas. Podéis orientarle, pero no hay que solucionarle lo que puede hacer por sí mismo.
  2. No acudir siempre de inmediato. Si llora o protesta por pequeñas cosas no acudir inmediatamente a consolarlos, ni prestarle demasiada atención. Hay que enseñar al niño lo que es urgente e importante y lo que no lo es.

Estrategias para enseñar formar positivas de hacer frente a los sentimientos adversos provocados por la frustración

  • Enseñar técnicas de relajación. Las soluciones que podemos encontrar a una situación adversa siempre son más eficaces si estamos relajados. Un buen consejo es enseñar a los pequeños a aumentar su tolerancia a la frustración a través de la relajación del cuerpo.
  • Enseñar al niño cuándo debe pedir ayuda. Hay niños que piden ayuda constantemente y de forma inmediata mientras a otros algunos pequeños les cuesta pedir ayuda. Hay que enseñar a intentar encontrar una solución primero. Si se siente frustrado al realizar alguna tarea, podemos ayudarle a encontrar una solución, por ejemplo: “¿qué podrías hacer en lugar de enfadarte o abandonar la tarea?”.
  • Role playing. Podemos interpretar una situación frustrante que sirva como ejemplo para el niño. Por ejemplo, planteamos una situación en la que el niño tiene que hacer los deberes pero quiere irse a jugar al parque. Primero, el niño interpretará la frustración, con sentimientos de rabia, tristeza y luego adoptará el rol opuesto. Se le puede animar a que hable consigo mismo de forma positiva y busque una manera de resolver el problema.
  • Modificar la tarea. Enseñar al niño una forma alternativa de alcanzar el objetivo; pensar en cómo podemos hacer frente a la tarea verbalizando los pasos que vamos siguiendo.

En conclusión, la frustración está presente en la vida de cualquier persona y es inevitable. Aunque podemos aprender cómo enfocarla y así poder superarla. Es importante aprender a hacerlo desde pequeños de forma que aumentemos la tolerancia a la frustración y así nuestra conducta se adapte a la vida y obtengamos éxito.

Omar Ferri, es psicopedagogo y terapeuta en Red Cenit