Las pautas que  siguen se basan en el conocimiento del área de la Psicología denominado Análisis de la Conducta.
Hay principios generales que regulan nuestra conducta, bien sea inapropiada como pegar a algún compañero de clase o bien sea apropiada, como aprender nuevas habilidades. Las consecuencias que siguen a las conductas son un elemento fundamental para comprender y poder modificar la conducta. Lo ideal es manejar la conducta desde una perspectiva positiva y planificar estrategias proactivas que enfocan el fortalecimiento de conductas adecuadas desde diversos frentes. En este texto trataremos estas estrategias y en un texto siguiente abordaremos algunas pautas para manejar la conducta inapropiada, de forma reactiva.

 

Os recordamos que son orientaciones generales y que un trabajo más completo para manejar conductas inapropiadas frecuentes y/o intensas necesita la supervisión de un profesional con experiencia para evaluar la función de la conducta inapropiada en cada caso específico, valorando los posibles aspectos médicos y sensoriales que puedan estar relacionados.

  • DEFINA REGLAS y que se certifique que hayan sido comprendidas, a través de la conversación (hacer que el niño las repita), o a través de apoyos visuales. Las reglas deben describir el comportamiento esperado y las consecuencias previstas en una estructura: “si…entonces…” Además,  las reglas deben describir también las consecuencias previstas para el no cumplimento de la regla. Finalmente, hay que ser coherente y flexible a la hora de elaborarlas para poder mantener la consistencia en la aplicación de las consecuencias. Si no sabes si podrás cumplir con las consecuencias previstas, es mejor flexibilizar la regla al momento de elaborarla, en vez de flexibilizar la aplicación de las consecuencias.
  • REORGANIZAR LA RUTINA: Si algo que le gusta al niño ocurre después de algo que no le gusta, como jugar a la consola después de hacer los deberes, esta situación se configura por sí misma en algo que aumenta la motivación del niño para hacer los deberes (principio de Premack). Además, a todos nos resulta más fácil pasar de una actividad que nos gusta menos a otra que nos gusta más, en vez de lo contrario. La idea es aprovechar alguna actividad agradable para actuar como reforzador de otra actividad que le cuesta o que le gusta menos al niño y que queremos fortalecer. Eso ocurre si programamos la actividad más reforzadora para que ocurra de manera condicional y en seguida a la actividad menos reforzadora. Funciona como una regla: si haces los deberes, entonces juegas a la consola. Organizando así la rutina si todavía la motivación del niño no es suficiente y él no realiza la actividad que menos le gusta, podemos manejar las consecuencias y suprimir momentáneamente la actividad que más le gusta, (siempre garantizando que previamente el niño haya comprendido la regla, la rutina prevista). En la próxima ocasión, le recordamos la regla y reforzaremos su conducta apropiada cuando esta ocurra.
  • EL REFORZADOR VARÍA DE MOMENTO A MOMENTO: lo que nos apetece puede cambiar según el día o el momento del día. Puede que nos encante el chocolate pero si lo hemos comido en grandes cantidades nos apetecerá más algo salado o un vaso de agua. Hay que observar al niño o preguntarle constantemente sobre esto.  En general suponemos que lo que más les atrae a los niños son juguetes elaborados, electrónicos y puede ser que en un determinado momento lo que les cautiva más sean cosas sencillas y cotidianas como los utensilios de cocina, juegos de interacción sin juguetes (cu-cu-tras, lanzarlos al aire, canciones, cosquillas)
  • FOCO EN LA CONDUCTA APROPIADA: los niños con problema de conducta pueden tener la auto-estima rebajada pues los adultos nos solemos fijar en todo lo que hacen mal. En cambio, en el momento en el que están quietos dejamos de mirarles. En los casos en que la conducta inapropiada le sirve para obtener atención hay que trabajar desde una perspectiva positiva enfocando todas las demás conductas apropiadas que ocurren y nos pasan desapercibidas. Si el niño siempre se levanta a los cinco minutos de estar haciendo los deberes, podemos enfocar toda la conducta apropiada que ocurre en los cinco primeros minutos: que se mantiene sentado, que coge bien el lápiz, que se esfuerza para hacer la tarea.
  • APROXIMACIONES SUCESIVAS, POCO A POCO: no hay que esperar a que la conducta apropiada que queremos enseñar ocurra de manera completa y sistemática. Cualquier aproximación a la conducta esperada o incluso el esfuerzo del niño en dirección a esta conducta debe ser valorado y reforzado.
    Puede ser útil partir una actividad o habilidad en secuencias más cortas y definir con el niño un objetivo pequeño y que sea probable que lo realice con ayuda. Si el niño nunca se sienta a hacer los deberes, nos sentaremos a hacer un dibujo en la mesa. El próximo día leeremos un cuento, el día siguiente copiaremos una palabra, el siguiente tres. Poco a poco aumentamos la exigencia y retiramos nuestra ayuda. Esto nos permite enfocar la conducta apropiada y favorece que el niño tenga la sensación de éxito, de que puede hacer las cosas bien, lo que le motivará para hacer cosas aún más complejas
  • FAVOREZCA LAS ELECCIONES: se puede reservar un tiempo para realizar determinados tipos de actividades, (por ejemplo, académicas), dándole al niño la opción de elegir al menos entre dos. O al menos que pueda elegir el orden de las actividades, (siempre respetando el principio de Premack). Igualmente, hay que permitirle elegir sus premios y reforzadores, aunque sea uno entre una posibilidad de dos o tres. Así, además de fortalecer las conductas apropiadas estamos favoreciendo la autonomía del niño
  • MANTENER LA CALMA: nuestro tono de voz y nivel de agitación motora pueden servir de modelo de calma o nerviosismo para los niños. Un tono de voz firme pero con volumen normal/bajo puede ser un modelo para ayudarle al niño a regular su propia conducta.
  • HACER MÁS, HABLAR MENOS: nuestras acciones también sirven de modelo a los niños. Intentemos no exigirles que cumplan reglas que nosotros no respetamos. Además, para reforzar una regla, vale más aplicar la consecuencia que estaba prevista, (acción), que hablar y hablar, esperando que nuestro discurso disminuya la conducta inadecuada. Igualmente, dejemos los elogios verbales y planifiquemos actividades e interacciones placenteras que sirvan de premios para la conducta apropiada de nuestros chavales.

 

Naiara Minto de Sousa es psicóloga y colaboradora en Red Cenit