¿De qué trata exactamente?
El refuerzo positivo significa dar algo (ya sea algo físico, algo verbal o una actividad) que sea agradable para el niño, y hacerlo justo después de que realice la conducta que queremos que cumpla.

Por lo tanto el objetivo de la educación debe ser, consolidar las conductas positivas en los niños y suprimir las conductas negativas y eso se consigue mucho mejor mediante el refuerzo positivo y la extinción, no mediante el castigo. Consideramos refuerzo a cualquier consecuencia positiva y, será muy importante que no lo confundamos con el recurso a premios materiales. El mejor refuerzo para los niños, consiste en la atención de los padres.

Se trata de aprender a reforzarles cuando estén mostrando las conductas que queremos instaurar; es decir, reforzar y premiar a los pequeños mientras se portan bien y no prestarles atención cuando están realizando las conductas disruptivas o las llamadas de atención que queremos que desaparezcan, lo que se conoce como extinción.

Si el niño está manifestando una clara llamada de atención, con amenazas por parte del adulto no se consigue nada, y además, se está reforzando su conducta. El niño percibe que con esa actitud obtiene la atención del adulto. Será más efectivo mostrarle al niño que mientras se esté portando mal, no le haremos caso. De esta forma entenderá que no va a conseguir la atención de los padres y estos no entrarán en su provocación.

Ante una situación determinada, los niños repetirán aquellas conductas que les reporten una satisfacción personal o una recompensa, lo que demuestra la importancia del refuerzo en la educación y en el desarrollo de su conducta.

Un ejemplo para aplicar refuerzo positivo en el aprendizaje de nuestros hijos, es el “método del bolígrafo verde”. Según la autora, las insatisfacciónes que sufrimos en la vida están provocadas por la costumbre de resaltar los errores y no los aciertos y este método busca lo contrario, remarcar lo positivo.

Es un método muy sencillo: se trata no de marcar los errores, sino de marcar los aciertos o las letras/respuestas mejor realizadas.

Tatiana Ivanko, la autora del artículo original, explica que comenzó a aplicar este método para practicar caligrafía con su hija antes de que entrara a la escuela. Con él, la niña se interesaba en cuáles eran las grafías que habían salido mejor y eran las que se esforzaba en repetir. Con el método tradicional de marcar en rojo los errores, la niña hubiera recordado, según Ivanko, “las que se quedaban torcidas, las incorrectas”.

La autora cuenta que marcando con bolígrafo verde las mejores caligrafías “la fuente de motivación es completamente diferente: ya no intentamos evitar los errores, sino que nos esforzamos por repetir lo que está bien”, explica. “Parece lo mismo, pero hay un cambio en la estructura del pensamiento”.

Según la autora, “desde pequeños nos acostumbramos a concentrarnos en los defectos” y que esto no solo puede afectar al aprendizaje, sino también a la vida adulta.

Al restarle importancia a los logros de nuestros hijos, éstos acaban centrándose y definiendo su personalidad en relación a sus errores y malas conductas.

El método del bolígrafo verde es un ejemplo cotidiano basado en la teoría del refuerzo positivo, que mantiene que un comportamiento o actitud valorado positivamente tiende a repetirse.

La recomendación, por lo tanto, es que en vez de limitarnos a castigar o regañar al niño por aquello que hace mal, resaltemos y valoremos las conductas o acciones positivas para perpetuarlas.

Raquel Herrero, psicóloga clínica en Red Cenit Valencia

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