En estos momentos estamos en una situación atípica que nos está creando mucha incertidumbre y muchos cambios para los que no estábamos preparados. Una de las características del Trastorno del Espectro Autista (TEA), es ese grado variable de rigidez estructural e inflexibilidad en el comportamiento, lo que les lleva a tener una gran favoritismo hacia una agenda de vida y de conducta clara y predecible, de tal manera que una alteración en su vida cotidiana no anticipada con anterioridad, puede ocasionar alteraciones en su desarrollo personal, y por lo tanto aumentar los niveles de ansiedad y que se produzcan retrocesos en conductas sociales adquiridas con anterioridad.

Entonces, ¿qué pasa ahora con el confinamiento? Pues realmente con esta nueva realidad han perdido sus rutinas, les hemos arrancando de su normalidad que día a día les guiaba a unos mismos lugares y por lo tanto a una seguridad que le facilitaba sentido y calma. No se puede dudar que esta situación suele producir un aumento de la inestabilidad emocional en cualquiera de nosotros, aunque en el caso del TEA, debido a las dificultades que tienen en el procesamiento e integración perceptiva – cognitiva de la comprensión de la situación actual, puede generarles algún trauma.
Es indiscutible que todos sufrimos el efecto de estas circunstancias. Hemos puesto en pausa planes, tareas, costumbres y hasta trabajos; por eso quien no conoce de cerca este trastorno puede que les resulte difícil comprender lo que supone para ellos.

¿CÓMO SE SIENTEN LOS NIÑOS ANTE UN CAMBIO COMO EL ACTUAL?

  • Incertidumbre: al no saber si el cambio supondrá algo bueno o malo y no pueden hacerse una idea de algo que aún no han percibido. Comprenden más y se anticipan mejor a ciertos cambios si se les explica.
  • Rechazo: muchos niegan el cambio, tenemos que intentar que les resulte atractivo y motivador.
  • Desajustes en sus hábitos: creados por la inseguridad y la preocupación. Puede que no encuentren las palabras o sus emociones surjan por otro lado produciéndose alteraciones en hábitos ya adquiridos.
  • Rabietas: al no saber gestionar bien sus emociones, muestran frustración, enfado, llantos, etc., y cualquier modo de hacernos ver su enfado ante el cambio que se va alargando en el tiempo.
  • Nerviosismo: pudiendo buscar más cercanía en los demás y aprobación ante todo lo que hace.
  • Miedo: cambiar les da miedo ya de por sí.

Y es este último uno de los que más me preocupa: el miedo en muchas personas con TEA les acompaña frecuentemente y se focaliza como estrés y angustia; pero lo peor que les pasa es que los demás no pueden comprender ese miedo porque es una cuestión interna y porque las situaciones en las que se genera es muy distinta a la de los demás. El miedo aparece y desaparece, no se elimina, sino que va acompañándolos y personificándose en situaciones imprevistas y en otras que se pueden prever. Esta sensación de miedo originará angustia y esa angustia, a su vez, provocara temor. Por dicha razón, puede que en esta situación se generen nuevos miedo, sobre todo los que más me preocupan es el miedo a volver a salir a la calle y a relacionarse con sus iguales.

¿QUÉ SUCEDERÁ CUÁNDO SALGAMOS A LA CALLE?

Muchos tendrán tantas ganas de volver a salir y lo harán sin más y sin miedos, pero también existe la posibilidad de que a algunos les cueste incluso cruzar el umbral de su puerta, generando ansiedad, miedo y preocupación. Y es ahí donde las familias tenéis el papel más importante pues sois su guía y el espejo donde se miran, transmitiéndoles seguridad y sabiendo explicarles adecuadamente, con sinceridad y un vocabulario sencillo, lo que va a cambiar y lo que supondrá. De este modo reduciríamos sus niveles su ansiedad y sus miedos. Es decir, debemos estar pendientes de captar esta demanda de ayuda por su parte para acompañarles en sus temores, miedos e inseguridades. Siendo cercanos y constantes. Se tratara de una “desensibilización sistemática”, es decir, poco a poco, sin presión, y siguiendo su propio ritmo.

Por otro lado, ¿QUÉ PASA CON EL MIEDO EN LAS RELACIONES CON LOS IGUALES?

Uno de los fines últimos en las terapias es mejorar la reciprocidad socio-emocional a la hora de iniciar o responder a situaciones sociales, mantener conversaciones o compartir intereses, emociones y afecto. Puede que este miedo suponga un retroceso de aspectos ya afianzados con anterioridad, que haya que volver a aprender y a ayudarles a expresar sus sensaciones y emociones para cuando se vuelva a poder retomar de nuevo las relaciones sociales con sus iguales con normalidad, quedándole un gran papel a las terapeutas para adaptarse a esta nueva situación. Y desde la familia, es importante no romper de golpe esas relaciones que ya tenían antes de encerrarnos y se pueden mantener mediante videollamadas.

Una prioridad que hay que tener presente debe ser ayudar a los niños/as con TEA durante la crisis del Coronavirus. Tengámoslo en cuenta, seamos más sensibles con este grupo y creemos puentes de ayuda, lazos de consideración y afecto. Es decir, mostrémonos cariñosos pero sin dejarnos llevar por el plano emocional, ya que debemos transmitir calma, compañía y serenidad. Si nosotros dudamos, le transmitiremos inseguridad.

No te rindas: las piedras en tu camino son pasos a tu destino”

Marian Sirera Conca, Pedagoga. Coordinadora Diagnósticos e Intervención en los Trastornos del Neurodesarrollo en RED CENIT Valencia