El Trastorno Específico del Lenguaje o TEL es un trastorno de elevada prevalencia entre la población infantil, los estudios ofrecen datos de prevalencia entre el 2% y 7% de la población escolar. El TEL es un problema que sufren niños que tienen un desarrollo de sus habilidades lingüísticas y de comunicación claramente inferior al que sería esperable por su edad, capacidad general, condiciones sociales… Sin que haya ningún problema sensorial, (por ejemplo una pérdida auditiva) o lesión cerebral que explique esos problemas.

Se trata de un trastorno grave y persistente, ya que, perdura en la infancia y la adolescencia pudiendo dejar secuelas en la edad adulta. El pronóstico y evolución del alumnado afectado dependerá de una terapia logopédica precoz e intensiva, con la total implicación de la familia y la escuela. Su abordaje debe ser realizado por equipos multidisciplinares en los ámbitos sanitario, social y educativo.

Encontramos perfiles heterogéneos con diferentes grados de severidad, no obstante, la mayoría de afectados presenta dificultades en otras áreas del desarrollo (problemas sociales, de conducta o de aprendizaje). Por todos estos motivos, el TEL provoca una discapacidad que suele ser reconocida por la Administración incluyéndose dentro de las Necesidades Educativas Especiales (NEE).

En este artículo nos centramos en describir las principales adaptaciones que han de efectuarse desde la escuela durante la etapa de educación infantil para favorecer el pronóstico, la adquisición de aprendizajes y la socialización entre iguales.

1. Pautas generales:

– Emplear apoyos visuales para compensar sus dificultades de comprensión. ¿cómo? Utilizando dichos apoyos para marcar la rutina del aula o de la tarea hasta que el niño la interiorice, reforzar la mesa de trabajo con tarjetas (por ejemplo; un pictograma que recuerde que hay que estar sentado), también, a través de refuerzos visuales y/o auditivos para el aprendizaje de nuevo vocabulario, utilizar calendarios con apoyos de colores y fotografías significativas del niño hasta que interiorice los días de la semana o los meses y anticipar información sencilla, estructurada y con apoyos  ante cualquier actividad escolar fuera de la rutina habitual.

– Situar al alumno con TEL en un lugar donde mantenga contacto ocular continuo con el profesor y le permita contemplar toda el aula. Es a través de la “vista” como muchos niños con TEL comprenden y se comunican con su entorno. Conseguiremos que se comunique con nosotros mediante la comunicación no verbal y evitaremos que se gire o se levante para intentar comprender.

– Reforzar las áreas en las cuales ellos se sientan cómodos y potenciarlas al máximo.

– Adaptar nuestro lenguaje. Es necesario hablarle más despacio de lo habitual, sin romper la entonación y prosodia natural, utilizando frases sencillas adaptadas a su nivel de producción y comprensión del lenguaje, evitando enunciados interrumpidos o desordenados. Tenemos que apoyar nuestro lenguaje con gestos naturales que favorezcan la comprensión del mensaje (señalar a lo que nos referimos, etc.). Es muy importante substituir las preguntas directas (¿Qué es esto?, ¿qué quieres?), por preguntas de alternativa forzada (¿Qué es un coche o avión?, ¿Qué quieres lápiz o rotulador?). Evitar el lenguaje indirecto. Por ejemplo: hacer explícito en nuestro lenguaje que nos estamos dirigiendo a ellos “Marcos vamos al patio” en lugar de “todos al patio”. No dar al niño más de una instrucción a la vez y no corregirle de forma directa (“así no se dice”).

2. Pautas específicas para favorecer el desarrollo del lenguaje dentro del aula:

– Aplicación de estrategias que nos permitan desarrollar el lenguaje del alumno en el aula. Emplear la técnica de la expansión, de la extensión y de la incorporación. A partir de las emisiones del niño el adulto hace un comentario que repite el enunciado del niño pero añadiendo modificaciones sobre los errores, ampliando su extensión o incorporando el enunciado infantil a un enunciado adulto más complejo. Emplear la imitación o modelado. Normalmente se emplea en situaciones de interés para el niño y se trata de ofrecerle modelos que pueda imitar, como un modelo de pregunta para que pida un juguete a un compañero si vemos que intenta quitárselo.

Imitar los enunciados del niño: repetimos parcial o exactamente el enunciado del niño para mostrarle que lo hemos entendido y que queremos seguir conversando. Poner en duda: se trata de que tome conciencia del error, poniendo en duda lo que acaba de decir, provocando así la autocorrección. Por ejemplo: Adulto: “¿de verdad que se dice Caperucita Doja?”. Y dar respuestas falsas y paradójicas intentando que responda a la pregunta planteada.

– Adaptación de prácticas educativas que permitan desarrollar las bajas competencias en lenguaje de los niños con TEL:

a) Asambleas. Permitir el uso de libretas comunicativas para trasladar información, que concederán al niño o niña con TEL la oportunidad de participar activamente en las asambleas. O emplear preguntas con alternativa forzada para que pueda responder. Apoyar las explicaciones con imágenes.

b) Lectura de cuentos. Uso de cuentos con contenido lingüístico apropiado al nivel de los niños con TEL. Uso de libros con imágenes que representen fielmente el texto que narramos.

c) Rincones de juego. Apoyar su participación en el juego mediante la mediación del adulto, podemos indicarle al niño qué tiene que hacer, servir de modelo para que nos imite, enseñarle patrones de juego para que pueda repetirlos en otras ocasiones con sus compañeros. Adaptar algún rincón del aula al nivel de juego del niño con TEL.

d) Emplear recursos que permitan a los alumnos con TEL trasladar a sus familias lo que han hecho en el colegio: usar agendas visuales mediante esquemas de dibujos que secuencien la jornada, emplear fotografías del niño participando en las rutinas y al dorso escribimos información para que la familia tenga una guía para poder apoyar a su hijo cuando cuenta lo que ha hecho en el cole.

3. Pautas específicas para mejorar sus habilidades sociales y competencias de juego:

Las aulas de educación infantil ofrecen situaciones de juego e interacción inherentes a su propio funcionamiento, y son contextos en los que todo el alumnado desarrolla competencias sociales (juego y habilidades sociales). Sin embargo, los niños con TEL no lo hacen, pero podremos ayudarles si tomamos ciertas medias como las siguientes:

a) Observar la relación del niño o niña con TEL con el resto de los alumnos del aula para poder introducirlo en grupos de trabajo con niños y niñas afines, por carácter, por tener los mismos intereses de juego, por adaptación del niño o niña al alumno con TEL, etc.

b) Ofrecer apoyos para participación en los rincones escolares de juego. Pautar el juego: marcar los turnos, porque el niño con TEL no va a negociar con su lenguaje quién empieza el juego; ofrecer guiones de juego (ahora eres el cocinero y puedes cocinar salchichas con huevos, luego los comemos, después lavamos los platos); ofrecer modelos para desarrollar juego simbólico (ahora eres el cocinero, pregúntales: ¿qué quieres comer?). Coordinarse con la familia sobre qué juegos hay en los rincones para que puedan explicárselos a su hijo con TEL.

c) Apoyos en las actividades de gran grupo (conversaciones), como reducir el tiempo, adaptar contenido al nivel lingüístico del alumno con TEL, favorecer su participación espontánea: dirigirse al niño o niña con TEL solicitándole alguna aportación, a través de preguntas de alternativa forzada, realizar preguntas sobre imágenes de las que nos ayudemos para tratar el tema, repetir lo que sus compañeros han dicho para facilitarle la escucha activa, ayudarle a prestar atención y favorecer la comprensión.

d) Crear momentos de juego en el patio, puesto que, para el niño con TEL suelen ser momentos difíciles de comprender, por lo que podemos encontrarnos: un niño con tendencia a jugar solo en el patio, un niño con problemas de interacción: empleo de la comunicación no verbal para iniciar la interacción, como puede ser, destruir el juego de sus compañeros, iniciar el juego golpeando o empujando logrando así que le persigan y correr.

e) Programas de patio: ofrecer recreos con actividades y juegos dirigidos porque al niño con TEL le resulta más sencillo participar en juegos con la guía de un adulto.

f) Anticipar en el aula a qué podemos jugar con el fin de ofrecer un guión de juego.

4. Otras recomendaciones:

– Recomendar a la familia un deporte o una actividad extraescolar en la que ellos destaquen o no tengan muchas dificultades.

– Utilizar consignas lingüísticas positivas y que impliquen una acción lúdica (en lugar de “vamos a trabajar…”, “vamos a divertirnos…”).

– Trabajar los aprendizajes a través de otras vías distintas del canal del lenguaje oral:

a) vivenciar conceptos a través de experimentos,

b) utilizar plastilina o arena para aprender formas geométricas o los números, etc.

Más información: TEL. Guía para la intervención en al ámbito educativo.

Lara Beltrán López, terapeuta y logopeda en Red Cenit.