Todos los adultos funcionamos bien utilizando nuestras agendas, o, al menos, una guía general con la distribución de nuestras actividades diarias a lo largo de la semana. ¿Te imaginas despertarte por la mañana y no saber cuáles son tus compromisos del día? O peor aún, ¿hacer algo por primera vez en tu vida teniendo como única referencia unas pocas informaciones que has oído por ahí? ¿Y si fuera alguna intervención médica o algún plan que incluyera a mucha gente desconocida, ruidos, luces, etc.?

Cualquiera de nosotros en estas situaciones estaríamos ansiosos todo el tiempo, nos frustraríamos y nos enfadaríamos frente a la cantidad de sorpresas por minuto.

En realidad, esa angustia la pueden sentir cualquiera de nuestros niños, no sólo los niños con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Lo que ocurre es que nosotros somos adultos inmersos en el lenguaje, lo cual hace que nos dirijamos a los pequeños sobre todo de forma oral, y que se nos olvide que los apoyos visuales o pictogramas podrían ayudarles mucho a comprender mejor lo que les queremos decir. Después de todo, una imagen vale más que mil palabras.

Aunque algunos niños pueden, (o parece que pueden), funcionar bien con una instrucción oral solamente, prueba a mostrarles visualmente qué es lo que va a pasar. ¡Ya hablaremos sobre los cambios!

Para elaborar materiales de apoyo visual podemos utilizar pizarras, ordenador, folios, pero lo ideal es que sea algo que puedan manipular y que ellos puedan llevar consigo, si fuese necesario. La opción de hojas plastificadas es muy útil y posibilita hacer modificaciones de manera sencilla y rápida si usamos velcro para pegar cada actividad.

¿Qué podemos mostrarles visualmente a nuestros pequeños?:

Una sesión: podemos utilizar materiales que les motiven, como una pizarra. La idea es que los niños con autismo participen en lo que puedan: que dibujen, escriban los números de la secuencia de actividades, escriban las actividades o al menos tachen cada actividad terminada, (en general, les encanta hacerlo).

Podemos dejar preparadas las actividades que queremos trabajar y dejarle al niño que elija otras y/o que escoja la secuencia de las actividades. Lo ideal es alternar una o dos actividades que le cuesten con una actividad menos costosa. Necesariamente en este orden.

Importante: si no nos da tiempo a terminar todo, hay que ceder en una de nuestras actividades costosas, (tacharla sin realizarla), pero jamás privarle al niño de su premio o actividad elegida.

Su rutina semanal: entre los cuatro y cinco años los niños con autismo empiezan a comprender mejor su rutina y muchos empiezan a preguntar sobre qué toca hacer cada día o incluso quieren saber qué toca durante toda la semana.

Aunque no sepa leer, podemos prepararle al niño una agenda con fotos o dibujos, acompañados de las palabras relacionadas, lo que le estimulará también en su introducción a la lectura.

La rutina semanal puede ayudar a los niños con TEA a comprender mejor nociones temporales como el fin de semana; a respetar algunas rutinas y horarios fijos como la merienda, y a comprender limitaciones diarias de manera más global: hoy no vamos al parque, pero mañana sí. Además, podemos hacer hincapié en las rutinas que más les cuestan a los niños como vestirse o cepillarse los dientes.

La rutina semanal puede ser aprovechada para trabajar la economía de fichas, o sea, un plan de puntos que el niño consigue por cumplir correctamente rutinas que le cuestan y que se pueden canjear al final de la semana por alguna actividad/premio especial que le gusta mucho.

Un evento inusual: podemos preparar un pequeño cuento plastificado con espiral, hecho con dibujos o incluso fotos que narran toda la secuencia de lo que va a pasarle al niño en un evento inusual, como salir de excursión o ir al dentista.

La idea es contarle y dejarle manipular el cuento durante algunos días previos al evento y tener el cuento a mano mientras este ocurra para que sea un apoyo visual en cada etapa: esperar en fila, subir al autobús, abrir la boca.  Es lo que también llamamos historias sociales.

La anticipación visual de sus rutinas fomenta en los niños con TEA:

  • Seguridad: frente a su rutina y frente al adulto que no le impone las cosas, le permite algunas elecciones, no le da sorpresas, o sea, el niño se siente seguro porque sabe lo que se espera de él y sabe lo que esperar del adulto. Es un contrato firmado entre los dos que genera confianza y respecto en la relación.
  • Auto-regulación: los niños por si mismos aprenderán a motivarse y a controlar sus impulsos.
  • Disciplina: a través del apoyo visual ellos comprenden mejor la relación (SI tal ENTONCES tal primero/después), entre una actividad y un refuerzo. Ante la más pequeña señal del niño de que no quiere seguir la rutina planificada, el apoyo visual es una herramienta potente para que el adulto le ayude a recordar el acuerdo hecho y para que cada vez más él mismo se guíe y vuelva a mirar su rutina cuando necesite motivarse o controlarse.
  • Autonomía: les ayudará a realizar tareas solos, a progresar para seguir una cadena de instrucciones cada vez más larga, a hacer elecciones.

Naiara Minto, psicóloga y colaboradora en Red Cenit