En primer lugar, hay una relación bidireccional entre el sueño y los trastornos del neurodesarrollo. El insomnio está presente en un 25-70% de los niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad; en un 44-83% de los niños con Trastorno del Espectro Autista; y en aproximadamente un 37% de los niños con epilepsia.

Por ello, dormir un número suficiente de horas es necesario para consolidar las memorias, tener un correcto proceso de aprendizaje y fortalecer el crecimiento y el desarrollo cognitivo. En suma, un patrón de sueño saludable permite resetear y renovar la salud de nuestro cerebro y cuerpo cada día, es decir, es una PRIORIDAD.

Para conseguir un sueño reparador es necesario dormir 8 horas, teniendo en cuenta que es importante que no haya interrupciones para llegar a la fase NO REM, ya que en esta fase es donde se realizan las actividades restauradoras: consolidar memorias y adquirir/refinar habilidades motoras y cognitivas.

Un tratamiento adecuado de los trastornos del sueño en los trastornos del neurodesarrollo mejora:

  • El interés comunicativo.
  • Conductas estereotipadas.
  • Intereses restrictivos.
  • Impulsividad-agresividad.
  • Calidad de vida familiar.

Es importante destacar que, en ocasiones, los padres no comentan las alteraciones de sueño en los trastornos del neurodesarrollo, ya que las ven como el menor de sus problemas, pero no es así.

¿Qué hacer?

  • Evitar estímulos fuertes a última hora.
  • Reducir exposición a la luz antes de ir a dormir.
  • No utilizar dispositivos tecnológicos que emitan luz azul.
  • La alimentación es fundamental, la ingesta de dulces y snacks, más aún a última hora, empeora la calidad del sueño.
  • Si presenta ansiedad, pasar más tiempo con él antes de ir a la cama.
  • Actividad relajante previa: baño, leerle un cuento, hamacas, aromas, mantas con peso, etc.
  • Temperatura de la habitación: 18,5º.
  • Comprobar que ha hecho todo: lavarse los dientes, beber agua e ir al baño.
  • Si se siente mejor: luz nocturna.
  • Darle instrucciones claras (“es la hora de dormir”, “no hay que llamar a los papás”, etc.) y siempre despedirse con cariño.
  • Para niños mayores: se puede usar un vale, sólo se puede utilizar uno durante la noche y con opciones aceptables.
  • Si llama, comprobar que no necesita nada y no hay ningún problema. Si es así, no respondas si se queja/chilla más, ya que aprenderá que la solución no es subir el tono, es muy importante no perder los nervios.
  • Si se levanta de la cama, volver a llevar a la cama con tranquilidad: “no te levantes más, quédate en la cama”. Darle normalidad, no hablar en exceso, no entablar contacto visual, hacer las veces que haga falta…, es posible que haya que repetir mucho, siempre hay que mantener la calma.
  • Felicitar por la buena noche que ha pasado y se puede dar una pequeña recompensa en el desayuno.

Si tras estas modificaciones no hay mejorías:

  1. Realizar un HISTORIAL COMPLETO DEL SUEÑO: horas de acostarse y levantarse, siestas, despertares nocturnos y comportamientos asociados. También se debe incluir información sobre el comportamiento diurno.
  2. Considerar si hay OTRO PROBLEMA MÉDICO: esofagitis por reflujo, estreñimiento, problemas dentales, molestias ocasionadas por pañal o pijama, etc.
  3. Acudir al médico, si fuera necesario, y consultar con un especialista del sueño. Se puede considerar TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO.
  4. Tras todo lo expuesto, establecer una RUTINA MUY ESPECÍFICA A LA HORA DE ACOSTARSE.
  5. INTERVENCIONES CONDUCTUALES Y EDUCATIVAS.
  • Horario visual: pasos a seguir antes de irse a la cama.
  • Retrasar la hora de ir a la cama media hora, ya que el niño no está cansado y conforme se fortalezca la rutina adelantar cinco minutos hasta llegar a la hora que consideremos adecuada.
  • Es importante que aprendan a dormir solos. Colocar temporalmente la cama al lado de la suya (no contacto físico), progresivamente ir distanciando hasta retirar.

El objetivo es conseguir un patrón de sueño en los trastornos del neurodesarrollo más saludable, ya que esto generaría un efecto positivo en el resto de áreas de funcionamiento cotidiano y mejoraría la calidad de vida familiar. Es decir:

  • Mejor humor.
  • Mayor atención.
  • Más productivo.
  • Más social.
  • Aprende más.
  • Todos los que están a su alrededor duermen mejor.

Gemma Pérez Gisbert, es Terapeuta Ocupacional en Red Cenit Valencia

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