“Empiezo a pensar que esto no tiene solución. La conducta de mi hijo es incomprensible y lo triste es que siempre ha sido un niño feliz, pero ahora… Todo esto me hace sentir muy mal; pienso que no he sabido educar bien a mi hijo y ya no sé qué hacer, lo he probado todo pero creo que no tiene solución”

Los problemas a los que no se encuentra solución terminan provocando un malestar crónico. Cuando las estrategias para afrontarlos fracasan surgen sentimientos de indefensión y desesperanza, los cuales dificultan la búsqueda de nuevas soluciones.

Es evidente que algunos padres manejan normalmente las diferentes situaciones problemáticas con sus hijos adolescentes, desde pequeñas frustraciones o desavenencias, hasta traumas y conflictos importantes, con bastante eficacia. Otros padres, por contra, se ven desbordados por el más mínimo obstáculo. Así, es importante considerar que una gran parte de los conflictos familiares entre padres e hijos es una conducta ineficaz, en la cual el sujeto es incapaz de resolver ciertos problemas situacionales y sus intentos inadecuados comportan efectos indeseables tales como: ansiedad, depresión o tristeza y la generación de problemas secundarios adicionales.

Hay que aprender a ver la vida no como situaciones extremas imposibles, sino en términos de soluciones inapropiadas, de forma que lo importante será hallar soluciones nuevas y apropiadas.

La estrategia de resolución de problemas o toma de decisiones (Golfried y Golfried, 1884) persigue modificar el modo con el que las personas abordan situaciones para las que no tenían ninguna solución, insistiendo, sobre todo, en una recogida mayor de información y en su procesamiento más adecuado, con el fin de conseguir orientar de una manera más correcta su actuación. Se persigue aprender una metodología (una forma de hacer) sistemática para hacer frente a diferentes problemas.

La resolución de problemas constituye un método útil de abordar múltiples desafíos situacionales. Su aprendizaje y puesta en práctica acrecienta la eficacia general de los padres mediante el entrenamiento en las aptitudes y habilidades necesarias que le permitan enfrentarse por ellos mismos a los desafíos de la vida cotidiana con sus hijos.

En resumen: hace posible una variedad de alternativas de respuesta potencialmente efectivas, e incrementa la probabilidad de seleccionar la respuesta más efectiva entre las diversas alternativas.

Por tanto, una vez que adquiera el conocimiento sobre cómo funciona, deberá prepararse para enfocar todas las situaciones problemáticas con dicha estrategia. Esto no será difícil, pues tendrá innumerables ocasiones para practicar; pensar la cantidad de decisiones que tomamos al cabo del día, desde algunas muy insignificantes (“le diré que deje de ver la televisión y que se acueste”), otras algo más importantes (“¿voy o no voy a reñir a mi hijo por llegar tarde?, ¿le mostraré o no mucho disgusto por su conducta?”), hasta otras posiblemente muy decisivas (“¿debo influir más en su decisión sobre los estudios que quiere iniciar el próximo curso?”), estas decisiones que ha de tomar en cada momento le servirán como padre/madre para practicar lo aprendido.

Las 5 estrategias necesarias para una eficaz resolución de problemas son:

1- Desarrollar una orientación general para reconocer el problema.

2- Definir y formular el problema.

3- Generar el mayor número posible de alternativas al problema.

4- Tomar una decisión sobre el problema.

5- Ejecutar y verificar, poner en práctica la solución y valorar los resultados.

Concluimos por tanto, pensando que: en primer lugar, la conducta humana está sujeta a elementos sobre los que tenemos cierto control y, por consiguiente, la conducta de nuestro hijo y nuestra propia conducta puede modificarse. En segundo lugar, ante los problemas y conflictos diarios, de toda índole y con nuestros hijos, podemos utilizar una “estrategia general” de trabajo una metodología de acción que, basada en el proceso de resolución de problemas, nos permitirá disponer de un número mayor de soluciones ante dichos problemas.

¿Cómo poner en práctica estas 5 estrategias? Necesitamos información y ciertas habilidades que podemos y debemos aprender para ser competentes en nuestro oficio de padres:

1-Reconocimiento del problema: realizar una lista de problemas con su hijo. Analizar, en primer lugar, cuáles son sus opiniones, creencias, actitudes y expectativas generales sobre los problemas que surgen en relación con sus hijos. Ej: “A los jóvenes no hay quien les entienda”… En segundo lugar, piense sobre su propia capacidad general para solucionar dichos problemas. Ej: “ No estoy preparado para educar a este monstruo”… También puede empezar con un listado general de problemas. Ej: “La relación con mi hijo no es satisfactoria”… Ahora algo más especifico; anote todo cuanto hace su hijo que le moleste. Ej: “Miente respecto a los deberes escolares”,…

2- Análisis del problema: Con nuestra nueva actitud para reconocer los problemas, una vez detectados los mismos, nuestro objetivo ahora consiste en clarificar y comprender la naturaleza específica del problema. De la lista de problemas que usted ha escrito elija uno de los más importantes, de los que más le molestan, y realizaremos el siguiente ejercicio de análisis del problema.

Problema: ¿quién está implicado?, ¿qué sucede exactamente?, ¿dónde ocurre el problema?, ¿cuándo sucede?, ¿cómo sucede?, ¿cúal es mi respuesta habitual ante el problema?, ¿qué siento ante ese problema?, ¿qué hago yo ante esa conducta?, ¿qué explica esta situación?, ¿qué explica su respuesta?, ¿qué quiero que cambie?.

3- Tormenta de ideas: a continuación nos centramos en el tercer paso, el cual es considerado como el punto más importante del proceso de resolución de problemas. Nuestra tarea principal será la de ser capaces de generar la más amplia gama de respuestas (soluciones, estrategias) posibles ante la conducta de nuestros hijos, de forma que aumente la probabilidad de identificar las más eficaces para alcanzar los objetivos que nos hemos marcado.

Siguiendo con el ejemplo anterior (problema analizado: “No hace las tareas escolares”), enumere al menos cinco posibles estrategias o respuestas para conseguir el siguiente objetivo:

Ej: Objetivo “Que mi hijo aprenda a estudiar”. Respuestas: buscarle una ayuda extraescolar, inscribirle en un programa de hábitos de estudio, estudiar y hacer las tareas escolares con el, meterle en un grupo de estudio de su edad, que estudie todos los días 1 hora mínimo,…

4- Comunicarse, negociar y ponerse límites: el propósito en este momento consiste en evaluar las alternativas de solución disponibles y seleccionar la mejor. Hay que evaluar alternativas generadas. Para ello, usted debe:

  • Predecir las posibles consecuencias que tendrá la aplicación de cada alternativa generada en la fase anterior.
  • Analizar sus consecuencias personales y sociales, a corto y largo plazo. Lógicamente, no se puede prever todas las consecuencias posibles, de modo que para cada una de ellas sólo cabe conjeturar un grado de probabilidad.
  • Evaluar su utilidad, es decir, sus ventajas e inconvenientes. Al evaluar su utilidad, únicamente es posible asignarles un valor aproximado.
  • Comparar los resultados esperados para cada una de las alternativas disponibles con el resultado deseado o meta, seleccionando las alternativas más adecuadas.

 5-Modificar las conductas problema: este es, sin duda, el momento más importante del proceso de resolución de problemas o toma de decisiones, ahora es preciso actuar. Una vez que haya puesto en práctica la forma de actuar nueva deberá observar las consecuencias y comprobar su eficacia.

Os recomendamos la lectura del libro “Un adolescente en mi vida, Diego Macía Antón. Lecturas que nos ayudan en la difícil tarea de ser padres. Y nuestra última recomendación: “paciencia, grandes dosis de paciencia”

Raquel Herrero psicóloga y terapeuta en Red Cenit.