“En caso de despresurización de la cabina, las mascarillas de oxigeno se caerán automáticamente de los compartimentos situados encima de sus asientos. Los pasajeros que viajen con niños, deben colocarse la máscara a ellos mismos primero, y después colocársela a los niños”.

Empiezo este texto con esta metáfora de la mascarilla de oxígeno de los aviones porque nos ayuda mucho a pensar sobre el tema que quiero tratar: el autocuidado y la calidad de vida de los padres de niños con Trastornos del Neurodesarrollo como el TEA, TDAH o síndromes genéticos.

Lo lógico es pensar que habría que ponerle la mascarilla al niño primero porque él no puede ponérsela sólo. Sin embargo, la normativa dice que nos la pongamos nosotros primero, ¿por qué? El tiempo que tardamos en buscar su mascarilla puede ser crítico para nosotros y que nos asfixiemos sin haber puesto ni la mascarilla del niño ni la
nuestra. Pero si nos ponemos nuestra mascarilla primero, podremos atender al niño con calma. La normativa enfoca el beneficio mutuo.

Es absolutamente natural que los padres, tras vivir el duro golpe de un diagnóstico de TEA o de cualquier otro condicionante de diversidad funcional, pasen por las fases de duelo hasta llegar a tener una actitud pro activa de lucha para proporcionarles el mejor tratamiento posible a sus hijos.

Estos tratamientos muchas veces implican sacrificios extra en cuanto a tiempo, dinero y energía.
En mi rutina de trabajo, siempre he admirado la determinación y la fuerza de los padres y noto que la maternidad me ha aportado una mirada más comprensiva hacia ellos. Los papás y mamás de nuestros peques se enfrentan a una cantidad extra de retos para conciliar la crianza de un hijo con diversidad funcional y su propio autocuidado.

Hay diversos estudios que analizan el impacto del cuidado de un hijo con diversidad funcional en la salud mental de los padres, sobre todo en lo relacionado al estrés añadido al que están expuestos. Un estudio realizado con madres de personas con TEA mostró que la mayoría de las madres (87%) mostraban un grado de estrés por encima del considerado clínicamente significativo (Pozo Cabanillas, Sanchéz y Zaballos, 2006).

La familia es el pilar central del desarrollo del niño y parte fundamental de su evolución.
Felicitamos a los padres y madres que están con todas sus fuerzas en esta carrera para lograr una mejor calidad de vida para sus hijos. Pero desde nuestro interés principal, que es el desarrollo de nuestros peques, invitamos a los padres a que reflexionéis sobre el cuidado que os estáis dedicando a vosotros mismos.

Sabemos que los niños aprenden aquello que les enseñamos así como aquello que observan de nosotros. Si no estamos en condiciones mínimas de bienestar propio, no podemos ser modelos positivos de afecto, comunicación y conducta para nuestros hijos.

¿Tienes por lo menos una hora a la semana para hacer algo exclusivamente para ti mismo?

La lista de preguntas y las posibles soluciones son muy personales, cada uno tiene que encontrar su propia receta.

Me encantó cuando escuché de boca de una amiga, que es una mamá muy dedicada al tratamiento de su hijo, que no entraría en la sesión con él aquella semana, y que se iba a una sesión de belleza y a disfrutar de esa hora sin pensar en nada serio, cuidándose y poniéndose guapa. Eso era lo que más falta le hacía en aquél momento, para seguir estando bien mentalmente, para seguir cuidando tan bien a su hijo.

Podemos flexibilizar nuestras ideas de cuidado (paternidad/maternidad) de tal manera que incluyan espacios regulares (aunque cortos) de cuidado a uno mismo.

Se dice que uno no puede amar a los demás sin antes amarse a sí mismo, así que el tipo de cuidado que uno ofrecerá a los demás también se verá condicionado por el autocuidado que tiene consigo mismo.

Si eres madre/padre de un peque con diversidad funcional y sufres los efectos del estrés, (sentimientos de agotamiento, impotencia, baja autoestima, nerviosismo, dificultad para concentrarse, poca realización personal, etc.) no dudes en buscar ayuda con tu red de apoyo, tu pareja, familia, amigos.

Y si, aun así, no te sientes mejor, un Psicólogo Clínico puede ayudarte a sumar a la ecuación de tu crianza tu autocuidado.

Hazlo por ti y hazlo por tu peque.

Referencias

  • Pozo Cabanillas, P., Sanchéz, E. S., & Zaballos, L. M. (2006). Estrés en madres de personas con Trastornos del Espectro Autista. Psicothema, 18(3), 342-347.

Naiara Minto de Sousa es psicóloga y colaboradora en Red Cenit