Cuando la gente pregunta en qué consiste mi trabajo, suelen hacer preguntas como ¿haces hablar a los niños?, ¿les enseñas a aprender?, ¿es duro?

A todas estas preguntas mi respuesta es NO. No hago a los niños hablar, no les enseño a aprender y por supuesto, no, mi trabajo no es duro. La intervención con niños especiales es algo indescriptible, gratificante, bonito…, simplemente maravilloso.

A menudo acuden a la consulta padres en busca de respuestas a un sinfín de preguntas; en busca de esperanza ante un futuro desconocido; en busca de una persona a quien confiar su más preciado tesoro: su hijo.

Mi trabajo no consiste en enseñar a hablar a los niños, sino en ayudarles a descubrir la magia de nuestro mundo y despertar en ellos las ganas de comunicarse y disfrutar del mismo. Mi trabajo no consiste en enseñar a aprender, sino en mostrarle al niño sus capacidades y dotarlo de confianza y herramientas que le permitan experimentar y equivocarse, que le permitan disfrutar y así aprender de sus experiencias.

El trabajo con la familia es uno de los pilares más importantes de la intervención con niños especiales, ya que trabajamos para mejorar la calidad de vida de su hijo y por ende, de su familia. Mi trabajo consiste en acompañar a las familias en un camino desconocido, lleno de miedos, dudas e incertidumbre; un camino diferente al que ellos esperaban. Un camino en el que juntos vamos superando retos y planteando objetivos que en un primer momento parecían inalcanzables. Un camino difícil, pero lleno de ilusiones y sobre todo, de un amor incondicional que sobrepasa las fronteras de la discapacidad.

Lo más bonito de todo es el trabajo con los niños, esas personitas que inexplicablemente guardan tanto amor en tan diminutos cuerpecitos. Ellos, los pequeños guerreros, son quienes se llevan todo el mérito de cada pequeño logro; quienes con perseverancia y mucho esfuerzo nos demuestran a nosotros los adultos que hay que confiar, que hay que apostar, que hay mucho camino por delante para recorrer juntos.

Trabajar con niños es de las profesiones más agradecidas y, a su vez, el reto más difícil que un profesional pueda asumir. La responsabilidad de tener en tus manos el futuro de un niño, saber que eres un pequeño escalón que ayuda a alcanzar la cúspide de una gran montaña. Trabajar con y para niños con necesidades especiales es un gran privilegio.

A ti padre te digo GRACIAS. Gracias por confiarnos a tu mayor tesoro, por permitirnos formar parte de tu familia y sobre todo, por compartir con nosotros este camino, que aunque a veces es duro, al final basta con mirar esa sonrisita llena de vida que hace que todo valga la pena.

¨La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón¨ Howard G. Hendricks

Cristina Gil. Logopeda. Especialista en autismo e intervención psicoeducativa; Atención Temprana y dificultades de aprendizaje.  Colaboradora de Centros Red Cenit.