Durante el proceso de adquisición del lenguaje pueden aparecer ciertos comportamientos en los niños que, de prolongarse más allá de la edad considerada “límite” (seis años), podrían impedir una comunicación eficaz entre el emisor y el receptor.

Uno de estos comportamientos puede ser la alteración prosódica, en ese sentido podemos encontrarnos con niños que, de manera casi automática, tienden a hablar imitando distintas voces, produciendo una entonación artificial y forzada. Un modo práctico para enseñarles cómo y cuándo hacer un uso adecuado de estas imitaciones y  además, comprensible y divertido para ellos, es durante el juego.

A través de este recurso, el juego, les hacemos partícipes del manejo de las imitaciones vocales de una manera consciente y controlada; por ejemplo: “Vamos a hablar como si fuéramos gigantes (voz grave)”, “Ahora eres un robot (silabear), “Nos convertimos en princesas (voz aguda)”… ¡Den rienda suelta a su imaginación!

En ocasiones, esta alteración prosódica se hace tan evidente, que llega incluso a dificultar la comunicación entre iguales. Para hacer frente a casos tan extremos, es necesario que enseñemos al niño a identificar su propia voz, la voz que le hace único y que le corresponde por sexo y edad. De esta manera, le recordaremos cuando aparezca esta conducta fuera del contexto juego, que debe hablar con “su voz”.

Por otra parte, puede haber niños que, pese a tener un desarrollo típico del lenguaje presentan ecolalia, es decir, repiten total o parcialmente palabras, frases o preguntas llegando incluso a imitar el ritmo y la entonación. Existen 2 tipos de ecolalias y debemos diferenciarlas. Ecolalia funcional y ecolalia no funcional. Cuando los niños utilizan la ecolalia con el fin de expresar incomprensión ante ciertas situaciones o preguntas estaremos frente a una ecolalia funcional. En estos casos, dicha ecolalia se considera como un acto de intención comunicativa, por lo que debemos enseñarles expresiones más apropiadas que expresen incomprensión: “no lo sé, no lo entiendo, etc.”

Por el contrario, cuando se trata de una ecolalia no funcional, es decir, cuando detrás de ese eco no existe un propósito comunicativo sino, más bien, un propósito de autoestimulación, lo que se pretende es dotar a la ecolalia de la mayor funcionalidad posible para darle intención comunicativa al discurso del niño. Un ejemplo de este tipo de ecos son las repeticiones de estribillos de canciones o anuncios de televisión. En los casos donde estas repeticiones persisten en el tiempo y resultan un obstáculo para la interacción comunicativa se tendrá que recurrir a su extinción. Para conseguir eliminarlas se instruirá al niñ@ en entornos muy concretos, en situaciones estructuradas y donde el número de participantes sea limitado.

Por último, es frecuente observar a niños que durante el juego o en la realización de ciertas actividades hablan solos. Este hecho, forma parte de la etapa del desarrollo del lenguaje y entra dentro de la normalidad, siempre y cuando no suceda de manera permanente, ni se prolongue más allá de los seis años. Piaget lo denominó habla egocéntrica. Un tipo de habla que emplean los niños para manifestar sus pensamientos, más que para servirles como instrumento de comunicación social.

Por el contrario, para Vigotsky se trata de un habla que les ayuda a controlar su propio comportamiento ante situaciones desconocidas o a la hora de llevar a cabo tareas complejas o que requieren de una cierta destreza, es decir, tiene función autorreguladora.

Un ejemplo de ello sería, en el momento de lavarse las manos oírles decir: “me mojo las manos, les pongo jabón, las froto…”. Una manera de darse a sí mismos instrucciones sobre los pasos que tienen que seguir.

En este sentido, es importante distinguir cuándo el habla tiene por objeto proyectar los pensamientos y estructurar la actividad que se va a realizar en un momento determinado o por el contrario, cuándo es un habla “vacía”, que no sirve de apoyo para la realización de las actividades.

Con el tiempo, la conducta de hablar solo irá desapareciendo pero en aquellos casos donde se hace más evidente y duradera, le daremos indicaciones para su eliminación. Como puede ser en un primer momento, pedirle que hable en voz baja…

Como vemos, la alteración prosódica, las ecolalias y hablar solo son conductas que pueden aparecer y desaparecer durante el desarrollo del lenguaje, pero si van en aumento, o  llegan incluso a ser un obstáculo para la comunicación. Se recomienda que, en los casos donde estas conductas sean más acusadas, se acuda a un especialista para llevar a cabo un trabajo específico e individualizado y lograr su desaparición de manera paulatina.

 Patricia León, logopeda y terapeuta en Red Cenit.